dimarts, 7 de juny de 2011

Democracia real, real

Unas ideas que se me ocurrieron, en un viaje entre Puerta del Sol y Plaza Tahrir.

  • La democracia real no es posible mientras la economía siga en manos de una minoría.
  • No puede haber igualdad política entre el amo y el esclavo; hay que abolir el esclavismo. Por el mismo motivo, no puede haber igualdad política real entre el jefe y su empleada o empleado. Hay que abolir las relaciones de explotación.
  • Si pasamos (con suerte) ocho horas trabajando, ocho horas durmiendo y ocho horas en lo demás, no podemos limitar la democracia a las horas en las que dormimos, comemos, miramos la TV etc., también tiene que haber democracia en el trabajo.
  • La economía funciona (o disfunciona) de acuerdo con unas leyes de mercado: leyes que no salieron de ningún parlamento elegido. Para que la economía sirva a la humanidad —y no al revés, como ahora— no basta con elaborar un reglamento para intentar influir en la manera en que los mercados nos dominan. Hay que acabar con este dominio y hacer que el mundo lo controlemos las personas, de acuerdo con las necesidades de la humanidad y del planeta.
  • Las personas que ‘mandan’ en el mundo actual sólo mandan a medias. Son actores que leen un texto; no controlan el argumento, sólo influyen con su manera de interpretarlo. Por supuesto que podemos escoger otros actores y elegirlos de una manera más democrática. Pero para conseguir una democracia real, necesitamos un cambio más radical; debemos subir al escenario nosotros mismos e improvisar una obra nueva, una obra nuestra.