ADN: La sombra de Frankenstein

Artículo publicado en La Hiedra, junio-julio 2010

El anuncio de la creación, con ADN sintético, de una bacteria artificial capaz de reproducirse ha provocado mucho debate.

Hay motivos para la preocupación en términos científicos. Mucho del trabajo realizado con organismos transgénicos responde a una visión reduccionista, como si el ADN permitiese diseñar un organismo a medida, y se pudieran hacer unos retoques como quien aumenta la ventana en los planos de una casa. En realidad, un organismo es el producto de muchos factores bioquímicos y ambientales que interactúan de forma compleja y, por ahora, impredecible. Pero el problema fundamental es social.

Se ha sugerido que con el tiempo este avance técnico podría contribuir a solucionar el hambre mundial y el cambio climático.

Pero el hambre no es resultado de la falta de comida, sino de un exceso de pobreza. Ya hay comida suficiente para todo el mundo, y fácilmente se podría producir más, si se fomentase la agricultura como medio para proporcionar alimentos a la gente en vez de beneficios a las empresas.

De la misma manera, existen soluciones sencillas al cambio climático… pero hay que enfrentarse a las empresas petroleras y automovilísticas. No hacen falta organismos artificiales ni cualquier otro truco técnico.

La cuestión que debemos plantearnos ante el nuevo descubrimiento no es metafísica —“¿deberían los seres humanos jugar a ser Dios?” etc.— sino más sencilla. ¿Confiamos en las empresas capitalistas que han provocado la crisis económica y el desastre ecológico para que jueguen con la vida misma? Pues no.
Bajo un control social, este avance científico quizá podría servir a la humanidad. Pero tal como está el mundo, sólo servirá a los beneficios de una minoría.

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