dijous, 20 de setembre de 2012

Entre nacionalismo, “no nacionalismo” e internacionalismo

En vista de los debates acerca de la cuestión nacional desatados por la magnífica manifestación por la independencia en Barcelona el pasado 11 de septiembre, cuelgo la sección sobre este tema del libro "Rusia 1917: La revolución rusa y su significado hoy". (Si alguien se anima, el libro ahora está de oferta, en versión 1.0, en papel y todo). El movimiento anticapitalista es claramente internacionalista, pero se le plantean inevitablemente temas de opresión nacional y de movimientos nacionalistas. Éstos, casi siempre, provocan confusiones y debates. Las experiencias de la revolución rusa, donde millones de personas se liberaron —al menos durante un tiempo— de la opresión nacional, a la vez que de la explotación social, nos muestran cómo estos temas pueden tratarse. Yo nací en un país, Finlandia, que había conseguido su independencia a raíz de la revolución rusa. Mis abuelos paternos habían nacido en una nación oprimida por el imperio zarista. La experiencia finlandesa pone de manifiesto la complejidad del problema.

dimecres, 5 de setembre de 2012

Por una democracia real

Artículo publicado en En lucha, septiembre de 2012.

Cada vez hay más gente que cuestiona la calidad de la democracia actual, en la que los políticos aplican recortes sociales contra la voluntad de la gran mayoría de la población. Esta artículo argumenta que “una democracia real” sólo es posible mediante un cambio fundamental hacia la justicia social.

Democracia significa literalmente ‘el poder del pueblo’. En la práctica, hoy en día, se suele identificar con la existencia de un sistema parlamentario con elecciones multipartidistas. Estos partidos siempre incluyen al menos a uno que representa claramente a la clase dirigente; en el Estado español, el PP; en Gran Bretaña, el partido conservador, etc. En América Latina, durante muchos años, la alternancia se daba entre dos partidos de la clase dirigente; hoy en día sigue siendo así en EEUU, entre los republicanos y los demócratas.

E incluso donde hay partidos de izquierdas, éstos parecen incapaces de cambiar nada fundamental. Cuando un partido socialdemócrata gana una elección, se olvida de sus (tibias) promesas de cambio, y se dedica a gestionar el sistema capitalista; ahora los nuevos partidos reformistas, como el PT brasileño, hacen lo mismo. Por otro lado, si un partido más combativo llega a tener posibilidades electorales, los medios de comunicación capitalistas lo atacan. Y si, finalmente, gana e intenta aplicar un programa mínimamente radical, el acoso empeora, llegando hasta golpes de Estado, como la sublevación franquista de 1936; el golpe de Pinochet contra Allende en Chile en 1973; o los varios intentos contra Chávez en Venezuela.

El problema es tan antiguo como la propia ‘democracia burguesa’; una descripción que capta mejor que ‘democracia’ a secas las contradicciones del sistema vigente. En ella se combina la forma del ‘poder del pueblo’ —las elecciones— con la realidad del poder en manos de la clase capitalista, la burguesía.
Ahora, sin embargo, ante la grave crisis, el elemento democrático está más amenazado que nunca.

La seva democràcia i la nostra

Article publicat a En lluita, setembre de 2012

Cada vegada hi ha més gent que qüestiona la qualitat de la democràcia actual, en què els polítics apliquen retallades socials contra la voluntat de la gran majoria de la població. Aquest article argumenta que “una democràcia real” només és possible mitjançant un canvi fonamental cap a la justícia social.

Democràcia significa literalment ‘el poder del poble’. A la pràctica, avui dia, se sol identificar amb l’existència d’un sistema parlamentari amb eleccions multipartidistes. Aquests partits sempre inclouen almenys un que representa clarament la classe dirigent; a l’Estat espanyol, el PP; a Gran Bretanya, el partit conservador, etc. A Amèrica Llatina, durant molts anys, l’alternança es donava entre dos partits de la classe dirigent; avui dia segueix sent així a EUA, entre els republicans i els demòcrates.

I fins i tot on hi ha partits d’esquerres, aquests semblen incapaços de canviar res fonamental. Quan un partit socialdemòcrata guanya una elecció, s’oblida de les seves (tèbies) promeses de canvi, i es dedica a gestionar el sistema capitalista; ara els nous partits reformistes, com el PT brasiler, fan el mateix. D’altra banda, si un partit més combatiu arriba a tenir possibilitats electorals, els mitjans de comunicació capitalistes l’ataquen. I si, finalment, guanya i intenta aplicar un programa mínimament radical, l’assetjament empitjora, arribant fins a cops d’Estat, com la revolta franquista de 1936, el cop de Pinochet contra Allende a Xile el 1973, o els diversos intents contra Chávez a Veneçuela.

El problema és tan antic com la mateixa ‘democràcia burgesa’, una descripció que capta millor que ‘democràcia’ a seques les contradiccions del sistema vigent. S’hi combina la forma del ‘poder del poble’ —les eleccions— amb la realitat del poder en mans de la classe capitalista, la burgesia.

Ara, però, davant la greu crisi, l’element democràtic està més amenaçat que mai.