dimarts, 8 de març de 2016

Islamofobia y cómo combatirla

Artículo publicado en la revista La Hiedra, marzo-abril de 2016.

La islamofobia es la forma más peligrosa de racismo en Europa hoy. Sin embargo, hay mucha confusión dentro de la izquierda al respecto. Este artículo trata de este tipo de racismo y de cómo Unitat Contra el Feixisme i el Racisme ha articulado una respuesta unitaria frente a él en Catalunya.

Islamofobia: un problema transversal

Una definición útil de islamofobia la elaboró la entidad antirracista Runnymede Trust en 1997: “Se considera el Islam como un solo bloque monolítico, estático y nada sensible a las nuevas realidades… como… algo bárbaro, irracional, primitivo, machista.” Prejuicios de este tipo son cada vez más prevalentes. Se oyen en discursos desde la extrema derecha, pasando por el “centro liberal”, hasta sectores que se autodenominan de izquierdas.


Es evidente que la hostilidad hacia el islam y la gente musulmana tiene una larga historia en la península ibérica, pero la islamofobia actual tiene una explicación mucho más reciente. Un elemento clave es el fracaso de la izquierda tradicional en el mundo arabo musulmán, especialmente a partir de los años 70. El nacionalismo árabe y los partidos comunistas no tenían ninguna alternativa a la injusticia social y a la opresión: frecuentemente incluso las ejercían (Karvala 2011).

Cuando corrientes islamistas ocuparon el vacío dejado por la vieja izquierda, ésta las tildó de agentes del imperialismo y las reprimió aún más; en el caso de Afganistán, mediante una brutal guerra. En los años 80, se sentaron las bases de la islamofobia moderna. Se habló del “fundamentalismo islámico”, como una corriente antidemocrática, machista y homófoba, típicamente asociada con el terrorismo, o el “yihadismo”.

Con la caída del bloque del este en 1989-91, y la creciente importancia estratégica de Oriente Medio, la oposición al imperialismo occidental en la región se expresó, cada vez más, en términos del islam político. De ahí que los Estados imperialistas empezaron a adoptar el lenguaje de la islamofobia. En los años 80, EEUU financió a grupos islamistas en Afganistán, para debilitar a Rusia. En 1992 se escribió en el Washington Post que “El fundamentalismo islámico es un agresivo movimiento revolucionario, tan combativo y violento como los movimientos bolcheviques, fascistas y nazis del pasado”, y en 1994 el Presidente Clinton declaró: “Estamos muy preocupados por el aumento del fundamentalismo militante en los Estados islámicos”. Con el crecimiento de Al Qaeda durante los años 90, que culminó en los atentados del 11 de septiembre de 2001, estas posiciones se endurecieron. Grupos islamistas muy diferentes —la Hermandad Musulmana de Egipto, Hamas en Palestina, Hezbolá en el Líbano…— fueron estigmatizados por igual (pero no así la familia real saudita, que sí tiene relación directa con Al Qaeda).

Mientras tanto, el partido fascista disfrazado, el Front National (FN), crecía en Francia. Su fundador, Jean Marie Le Pen, dejaba ver su antisemitismo a veces, pero la estrategia del FN, copiada por muchos otros partidos fascistas, fue la de esconder el antisemitismo a favor de la islamofobia, cada vez más “socialmente aceptable”. Increíblemente, fue durante esta misma época que gran parte de la izquierda francesa —incluyendo a la izquierda radical— contribuyó a la islamofobia con sus campañas contra el hijab, supuestamente en nombre de la liberación de las mujeres.

Una izquierda contra la islamofobia

Sin embargo, otro sector de la izquierda tuvo una visión radicalmente diferente. La corriente de la que forman parte La Hiedra y En lucha elaboró un análisis mucho más matizado del islam político, insistiendo en que no era lo mismo un movimiento de liberación nacional como Hamas, que la familia real saudí (ver Harman, 1994). Sobre todo, que en occidente, la población musulmana es en general una minoría oprimida.

Hoy, la islamofobia se expresa mediante agresiones, sobre todo a mujeres y chicas con hijab; detenciones arbitrarias y a veces años de cárcel sin pruebas; sospechas de “fundamentalismo” entre alumnos, incluso en la primaria; cierres de oratorios y centros islámicos… Lejos de equiparar a las personas y entidades musulmanas con el fascismo, como hacen algunos, la primera responsabilidad de la izquierda consecuente es la solidaridad.

Así que la Stop the War Coalition, el movimiento antiguerra británico en el que el Socialist Workers Party —organización hermana de En lucha— jugó un papel clave, convocó las enormes manifestaciones contra la guerra de Irak conjuntamente con la Asociación Musulmana de Gran Bretaña. No se trataba de la imposición de un grupo; la solidaridad frente a la islamofobia se había convertido en el sentido común de una parte importante de la izquierda y de los movimientos sociales de ese país. El movimiento unitario contra la extrema derecha en Gran Bretaña, Unite Against Fascism (UAF), trabaja en esta línea desde hace años.

En Catalunya, Unitat Contra el Feixisme i el Racisme (UCFR) —movimiento en el que En Lluita ha jugado un papel destacado— ha conseguido que aquí también haya una respuesta amplia frente a la islamofobia.

Debatiendo la islamofobia

Los atentados de París del 7 de enero de 2015 provocaron un auge islamófobo por todo el continente. Cuatro días después, UCFR firmó y publicó la declaración al respecto emitida por UAF (GB). Unas semanas más tarde, la propia declaración de UCFR, #StopIslamofobia, había sido apoyada por un centenar largo de partidos, sindicatos, movimientos sociales… de Catalunya y más allá. Esta respuesta, que incluyó a todas las fuerzas progresistas, desde los partidos institucionales hasta asambleas del 15M, fue el fruto del trabajo —y del debate—de varios años.

Una de las primeras acciones de UCFR, una concentración ante un acto del partido fascista, Plataforma per Catalunya (PxC), a finales de 2010, fue fortalecida por la participación de un gran grupo de gente joven musulmana, uno de los cuales habló durante el acto. En la siguiente asamblea de UCFR, algunas personas se quejaron ante la “excesiva” presencia musulmana, o criticaron la intervención del chico de origen marroquí por no ser “laica”, etc. Sin embargo, la opinión mayoritaria de la asamblea, tras una dura discusión, fue la de alegrarse de la participación musulmana.

Se dio un proceso gradual pero muy importante de debate. Por ejemplo, un tema en las jornadas de UCFR de 2012 fue “¿Qué puede hacer UCFR para combatir la islamofobia?” En la primavera de 2012, el Centro Cultural Islámico Catalán se adhirió a UCFR, y las jornadas de 2013 se celebraron en la sede de esta importante entidad musulmana. Los debates no se han terminado —porque siempre llega gente nueva con ideas preconcebidas— pero las dudas entre la gente que participa en UCFR han desaparecido.

Por todo esto, ante los atentados de París la reacción unánime fue la de fortalecer la lucha por la convivencia y contra la islamofobia.

La campaña #StopIslamofobia

La declaración de UCFR, #StopIslamofobia, y el amplio apoyo recibido, fue la base para una serie de actividades que continúan hasta hoy. El 14 de febrero de 2015, se celebraron unas jornadas de formación interna; el 19 de febrero, un acto contra la islamofobia, en la Universidad de Barcelona, reunió a más de 350 personas; el 11 de marzo, una concentración islamófoba de “Pegida”, convocada en L’Hospitalet por PxC, fue superada en 10 veces por la protesta vecinal organizada por el grupo local de UCFR; el 21 de marzo, se celebró la manifestación con motivo de la jornada internacional contra el fascismo, el racismo y la islamofobia en el distrito barcelonés de Sant Martí, donde el centro nazi Tramuntana cerraría definitivamente 8 semanas después. En las elecciones municipales de mayo de 2015, PxC —un partido obsesivamente islamófobo— fue expulsado de casi todos los ayuntamientos del país, tras una fuerte campaña de UCFR.

En el momento de escribir este artículo se prepara el Foro Social contra la islamofobia y todo tipo de racismo, para el 20 de febrero, así como la manifestación del 19 de marzo, con motivo de la jornada internacional de este año.

Durante este tiempo, cada vez más personas y entidades musulmanas se han unido a UCFR y ahora juegan un papel importante en el movimiento. Este hecho contribuye mucho a la lucha contra la islamofobia; se normaliza la colaboración, codo con codo, de personas diversas, de diferentes orígenes y creencias, en un proyecto común, estableciendo relaciones de confianza entre ellas. Esta unidad es, a su vez, una buena base para muchas otras luchas que tenemos por delante. La insistencia en que el enemigo no es el islam, sino el racismo, ha dado sus frutos.


Lectura

Harman, Chris, 1994, Islam, imperialismo y resistencia (edición castellana de En Lucha, 2001).

Karvala, David, 2011, “La izquierda y el Islam”, La Hiedra #0, junio de 2011.

Runnymede Trust, 1997, Islamophobia: A Challenge for Us All.

UCFR, “¡Stop Islamofobia!”, 3/12/2015, bit.ly/1OBI31n