dimecres, 27 de febrer de 2013

Valorando el riesgo del fascismo

Artículo publicado en la edición en papel de La Marea, marzo de 2013

Las empresas de seguros saben calcular el riesgo de cualquier accidente. Un régimen fascista sería más mortífero y trágico que el peor accidente de coche, pero casi nadie analiza seriamente este tipo de riesgo. Las reacciones típicas ante el fascismo son el fatalismo resignado o -más a menudo- la despreocupación.

Esto queda claro en los casos de Grecia y Francia.

En Europa se ve con alarma el avance, aparentemente imparable, de Amanecer Dorado en Grecia. En algunos casos se llega a la "fascipornografía", una fascinación morbosa por fotos y vídeos de fascistas, muy lejana del serio análisis del riesgo actual. Por ejemplo, se difundieron muchas imágenes de una manifestación en Atenas, el pasado 2 de febrero, supuestamente de 30.000 nazis.

El periódico conservador griego, Kathimerini; la agencia AP; y el movimiento unitario antifascista de Grecia, KEERFA; coinciden en que hubo menos de 6.000 personas en ese acto; preocupante, pero cualitativamente diferente. Se puede parar a Amanecer Dorado, y KEERFA está en ello. El pasado 19 de enero, convocó una jornada de movilización antinazi, con decenas de miles de personas muy diversas en las calles de Grecia, y protestas solidarias en medio mundo.

Amanecer Dorado es un peligro; las últimas encuestas les otorgan el 11,5% del voto. Es vergonzoso que los partidos institucionales imiten su retórica xenófoba, y lamentable que algunos dirigentes de la izquierda se nieguen a construir el movimiento unitario antifascista. Pero el riesgo se podrá contener, si se valora bien.

En Francia, el problema ante el fascismo no es el fatalismo, sino una negación de la realidad.

En 1981, el Front National (FN) de Jean Marie Le Pen recibió el 0,2% del voto, pero iba en aumento. Su homólogo británico acababa de hundirse gracias al trabajo de un movimiento unitario antifascista, la Anti Nazi League, pero la izquierda francesa no quiso hacer nada parecido. En las siguientes elecciones legislativas, en 1986, el FN se llevó casi el 10% del voto y 35 escaños. Hoy se mueve entre el 15% y el 20% de los votos, y un reciente sondeo de Le Monde revela que sus ideas tienen cada vez más aceptación. Queda claro que ignorar el riesgo es peligroso.

En Catalunya, hemos creado Unitat Contra el Feixisme i el Racisme, que está mostrando su efectividad contra Plataforma per Catalunya; este partido fascista trajeado cayó del 2,4% en 2010, al 1,6% en las elecciones autonómicas del noviembre pasado.

En Madrid, València, Andalucía… también hay grupos fascistas; gente muy a la derecha del PP que quiere eliminar la limitada democracia que tenemos. Por supuesto, no van a conseguir sus objetivos rápidamente, pero representan un riesgo. Hay que valorarlo bien y organizar una respuesta. Si no se hace, no nos espera el fascismo maquillado de Marine Le Pen, sino el nazismo descarado de Grecia.