divendres, 15 de juny de 2001

SIDA - todavía hay quien niega lo evidente

En la edad media existía la peste. Surgieron sectas extrañas que atribuyeron la enfermedad a Dios. Argumentaron que no se tenía que hacer nada, o bien afirmaron que tenían una solución mágica al problema y que sus adeptos no se infectarían, etc.

Ahora pasa lo mismo, con los "disidentes", o mejor dicho con los negacionistas, del SIDA.

¿Qué representa esta corriente de opinión, y qué verdad les asiste?

Los argumentos negacionistas

Los argumentos de los negacionistas son variados, e incluso contradictorios. Entre ellos, las afirmaciones más extendidas incluyen las siguientes:

El SIDA no existe, lo que se diagnostica como SIDA son meramente condiciones que siempre han existido, en África la gente siempre moría de hambre y de diferentes enfermedades;

No existe el virus VIH, o bien no hay conexión entre el virus VIH y el SIDA;

El SIDA es el resultado del estilo de vida, del uso de drogas recreativas;

La principal causa de muerte entre las personas diagnosticadas como seropositivas en Occidente es el tratamiento con AZT y otros medicamentos.

La conclusión central es que no tiene sentido hacerse el test de anticuerpos, y que hay que evitar tomar los medicamentos recomendados por los doctores.

La mayoría de las personas que defienden estos argumentos evidente y realmente se los cree. Es cierto que hay motivos para el cinismo respecto a la actuación de las grandes empresas farmacéuticas y de los Gobiernos en lo que se refiere al SIDA. Específicamente, está claro que las empresas como Wellcome no tienen el menor interés en curar a la gente sino, más bien, en sacar beneficios y ver subir su valor en la bolsa. También es cierto que muchas cosas que se hacen en nombre de la ciencia no sirven para nada a la humanidad.

Sin embargo, una cosa es dudar de los motivos de los poderosos y otra cosa es, simplemente, negar la realidad de que millones de personas se están muriendo, y que millones más morirán. Lo que hace falta es una respuesta más científica, más centrada en las necesidades humanas.

Los argumentos de los negacionistas no cumplen este requisito, sino que implican directamente ignorar todos los problemas reales que surgen con el SIDA y, en algunos casos, incluso empeoran la situación.

Consideremos brevemente lo que dicen.

"El SIDA no existe..."

Es cierto que la gente no muere "del SIDA". El efecto del virus VIH es destrozar las defensas naturales humanas, con el resultado de que cualquier infección, que de otra forma no se atacaría, o no sería grave, acaba matando a la persona. Sólo así se entiende por qué, en los años '80, miles de gais jóvenes en San Francisco empezaron a morir de enfermedades poco conocidas.

África

En África, las cifras son clarísimas. Es cierto que, durante muchos años, la gente moría de desnutrición, enfermedades evitables, etc., sobre todo en zonas rurales. Las cifras actuales de muertes entre los jóvenes, en las ciudades, superan toda la experiencia anterior.

Cambios en la esperanza de vida en países africanos seleccionados con prevalencias del VIH elevadas y bajas, 1950-2005.

Fuente: ONUSIDA, Informe sobre la epidemia mundial de VIH/SIDA 2002, p45. http://www.unaids.org/barcelona/presskit/Spanish/barcelona%20report/contents.html

Esperanza de vida (años)

Este gráfico (ver arriba) demuestra claramente que, en los países donde existe una alta incidencia del VIH, la expectativa de vida ha caído de forma dramática. El argumento de que "la «epidemia de SIDA en África» no es otra cosa que el rebautizo de una pequeña parte de los muertos de las enfermedades ya normales en África" (http://www.sindominio.net/masala/archivo/05/26.html) no puede explicar estos hechos.

Es más; al hacer declaraciones como "caben cuestionarse muchas cosas sobre todo lo que ha pasado y pasa con el tema del SIDA ... [como] la existencia de una pandemia de SIDA en África" (L. Botinas en Discovery DSalud Número 19, agosto del 2000) efectivamente se está diciendo que "aquí no pasa nada". Volveremos más tarde a los efectos políticos que se producen cuando se toma esta posición.

"No existe el virus VIH, o no hay conexión entre el virus VIH y el SIDA"

El virus fue descubierto en 1983.

Es cierto que en aquel momento hubo bastante confusión, sobre todo causada por la competencia entre diferentes laboratorios. Según una historia del período, uno de los científicos involucrados, el Dr. Robert Gallo, hizo trampa para poder adelantarse al laboratorio público francés, el Instituto Pasteur, y así intentar avanzar en su propia carrera.

Pero los escándalos de este tipo, desafortunadamente, no son anormales en el avance científico. La cuestión fundamental es si efectivamente, existe el virus, y todas las pruebas demuestran que sí.

Según el instituto estadounidense dedicado al tema, el NIAID: "El aislamiento del VIH en pacientes con SIDA sugirió fuertemente que este virus era la causa del SIDA. Desde principios de los 80, el VIH y el SIDA han coincidido en tiempo, lugar, y grupo poblacional; la aparición de VIH en la sangre ha precedido o coincidido con la ocurrencia de casos de SIDA en cada país y región donde el SIDA ha sido descubierto. Individuos de todas edades y de muchos grupos de riesgo -incluyendo a hombres que tienen sexo con hombres, niños nacidos de mujeres seropositivas, mujeres y hombres heterosexuales, hemofílicos, receptores de sangre y productos sanguíneos, trabajadores de salud y otros que están expuestos a sangre infectada con el VIH en su trabajo, y hombres y mujeres que se inyectan drogas- todos han desarrollado el SIDA con sólo un denominador común: la infección con el VIH." (NIAID, Focus On The HIV-AIDS Connection, http://www.niaid.nih.gov/newsroom/focuson/hiv00/default.htm)

Las primeras investigaciones del Centro de Control de Enfermedades de EEUU (el CDC) demostraron que existía un patrón de infección entre los casos que encontraron.

El descubrimiento del virus explicó esta infección, y más tarde permitió la obtención de test diagnósticos mediante la presencia del virus. Más tarde aún, las investigaciones científicas permitieron el desarrollo de tratamientos -todavía insuficientes- para las personas infectadas por el virus.

El argumento de que el VIH no causa el SIDA va en contra de todos estos avances. Nos dejan con la impresión de que es sólo casualidad que una persona que tiene sexo de penetración no protegido, o que comparte jeringas, con otra persona afectada por el VIH, puede quedar infectado por el virus.

Igual que con el tema anterior, hablaremos más tarde de los efectos de defender esta idea.

"El SIDA es el resultado del estilo de vida, del uso de drogas recreativas."

Una típica frase de los negacionistas es que "virtualmente todas las mujeres que cogen SIDA [...] son consumidoras de drogas intravenosas." (Entrevista a Peter Duesberg reproducida en la web del grupo negacionista Plural-21).

Respecto a los gais, se argumentó que muchos gais utilizan una droga llamada "poppers", y que ésta debía ser la causa de la enfermedad.

De hecho, diferentes estudios han desmentido esta afirmación de forma repetida. El uso de drogas fue uno de los primeros factores sospechosos de causar el SIDA. Sin embargo, las investigaciones comparativas demostraron que el uso de drogas no estaba asociado con el SIDA, excepto en el sentido de que aumentó el riesgo de la transmisión del VIH. El único factor que diferenció a los que desarrollaron el SIDA de los que no lo hicieron fue la presencia de anticuerpos del VIH.

"La principal causa de muerte entre las personas diagnosticadas como seropositivas en Occidente es el tratamiento con AZT y otros medicamentos."

Esta afirmación es una de las más descabelladas. Cae bajo su propio peso por dos sencillos motivos, ambos ilustrados por la siguiente tabla, que demuestra la cantidad de personas diagnosticadas con SIDA en diferentes períodos, dependiendo de si ahora (el estudio es de junio de 2001) están vivas o muertas.

Estatus vital

1981-1987

1988-1992

1993-1995

1996-2000

 

No.

(%)

No.

(%)

No.

(%)

No.

(%)

Vivos

2.103

(4.2)

20.572

(10.2)

96.998

(37.7)

203.192

(76.9)

Muertos

47.993

(95.5)

181.212

(89.5)

159.048

(61.8)

59.807

(22.6)

Fuente: "HIV and AIDS - United States, 1981-2000", en CDC, Morbidity and Mortality Weekly Report, June 1, 2001/Vol. 50/No. 21.

Las cifras demuestran, primero, que desde la introducción de los tratamientos (y también las campañas, por limitadas que fuesen, a favor del sexo seguro y contra el compartir jeringas), la tasa de mortalidad de los enfermos de SIDA ha caído de forma impresionante. Si el AZT y las otras drogas utilizadas contra el VIH fueron la causa de la muerte de las personas diagnosticadas, esto no habría ocurrido.

Más decisiva aún es la cuestión de por qué la gente moría del SIDA antes de que existiesen estas drogas. Como comenta un artículo contra los negacionistas, éstos "parecen no saber que la gente moría de forma horrible a causa del SIDA antes de que las drogas antirretrovirales estuviesen disponibles. En una publicación reciente, Christine Maggiore [una defensora destacada del negacionismo] concedió que no tenía idea por qué esto ocurrió." (Citado por Martin Delaney, "HIV, AIDS, and the Distortion of Science", http://www.aegis.org/topics/mdelaney.html)

El tema de los medicamentos nos lleva, otra vez, a uno de los mayores escándalos de todo el tema; la situación en África.

África

Según la ONU, la cifra total de personas que vivía con el VIH/SIDA en África subsahariana fue de 28,5 millones a finales de 2001.

El resultado de esto se vio en el gráfico reproducido más arriba; una fuerte caída en la expectativa de vida; en el caso de Botswana en más de 30 años, y en Suráfrica en unos 18 años.

¿Por qué África no ha visto la caída en mortalidad experimentada en EEUU? Existen diferentes motivos. Uno, por supuesto, es la mayor pobreza de la mayoría de la gente de África. Una mala nutrición, malas condiciones de vida, en sí debilitan el cuerpo frente a cualquier enfermedad. Una solución real al problema del SIDA en África es imposible sin una solución a este problema socioeconómico.

Sin embargo, otro factor es que menos de 30.000 personas se benefician de la terapia antirretrovírica, o sea poco más del 0,1% de los infectados.

En Suráfrica, existe una campaña a favor del acceso a los tratamientos para todos los enfermos del VIH/SIDA, la Treatment Action Campaign (TAC). El coordinador de la TAC, Zackie Ahmed, en una entrevista con en El País, explicó cómo los argumentos de los negacionistas estaban perjudicando a los enfermos de Suráfrica (ver Apéndice).

Una forma de infección que es ahora bastante fácil de parar es la de la madre seropositiva a su hijo. Un tratamiento con drogas antirretrovirales evita, en la enorme mayoría de los casos, que el virus pase al bebé. Como resultado directo de la intervención de los negacionistas, el Presidente Thabo Mbeki se echó atrás en un compromiso que había hecho antes, el de proveer a las mujeres embarazadas, portadoras del virus, con los medicamentos necesarios.

Los grupos negacionistas incluso se jactan de la influencia que consiguieron al evitar que estas "drogas tóxicas" fueron administradas a las mujeres pobres surafricanas. Lo que no explican es por qué los políticos que dirigen este Gobierno sí consiguen tratamiento con antirretrovirales, si lo necesitan, mediante sus planes privados de salud.

La TAC está luchando por el acceso gratuito para toda la población seropositiva de su país a los tratamientos que necesiten.

En esta lucha, se enfrentan a muchos enemigos. La Organización Mundial del Comercio (OMC) intenta fortalecer el sistema de patentes, obligando a todos los países del mundo a someterse a las demandas de las multinacionales, mediante nuevos acuerdos comerciales, como los TRIPS (derechos de "propiedad intelectual" -o sea patentes- en comercio). Las empresas farmacéuticas quieren proteger sus patentes, para poder seguir cobrando precios abusivos para sus productos. Y finalmente, el Gobierno de Mbeki lleva a cabo políticas neoliberales, aplicando de forma entusiasta los planes del FMI, y quiere reducir, no aumentar, el gasto en salud.

La lucha en Suráfrica dirigida por TAC logró una victoria importante, aunque fuese parcial, cuando consiguió que las empresas se echaran atrás en sus demandas contra las drogas genéricas.

Los negacionistas, al negar la existencia de una crisis del SIDA en África, así como con su apoyo expreso y directo a dirigentes como Mbeki, menosprecian a los que llevan esta lucha, y actúan directamente contra ellos.

El negacionismo no es de izquierdas

La mejor esperanza para cambiar el mundo desde hace años es el movimiento anticapitalista que ha surgido desde las movilizaciones en Seattle contra la OMC, en noviembre de 1999.

Los grupos negacionistas intentan presentarse como una parte de la crítica al sistema, y superficialmente es así. Critican a las empresas farmacéuticas; desconfían de lo que sale en los medios; dudan de los intereses de los Gobiernos; en todo esto se parecen al movimiento anticapitalista.

Uno de los puntos fuertes de este movimiento es el hecho de ser abierto, incluyendo a personas con diferentes opiniones, diferentes formas de hacer la política. Sin embargo, esta amplitud debe tener límites. En la campaña de Barcelona contra el Banco Mundial, que culminó con una manifestación y con una contraconferencia en junio 2001, se estaba a punto de incluir un taller defendiendo las tesis negacionistas, pero muy correctamente se decidió excluirlo, por motivos similares a los aquí expuestos.

Si alguien no quiere consumir los productos de un supermercado, y prefiere comida orgánica, es totalmente entendible. Los que, por motivos de la falta de tiempo o recursos económicos, seguimos comprando en Día o Spar, no tenemos problema con ellos.

Si los negacionistas se limitasen a no tomar medicación ellos mismos al contraer el VIH, podríamos discutir con ellos, pero al fin y al cabo estarían en su derecho. Si ellos quieren tratarse únicamente con dietas especiales, etc., o con los "productos alternativos" que algunos negacionistas comercian, no podemos obligarles a cambiar de opinión.

Pero su campaña, como se ve claramente en el caso de Suráfrica, implica mucho más. Se trata de obstaculizar que los enfermos del SIDA reciban medicamentos adecuados.

En Occidente, donde no tienen tanta influencia, siguen animando a individuos a abandonar su tratamiento, lo que ha tenido efectos perniciosos, e incluso ha dado como resultado muertos innecesarios. Se entiende que muchas personas, al descubrir que llevan el virus, quieran creer que no existe, y estén abiertas a cualquier sugerencia de que realmente no les pasa nada.

Al negar que el VIH causa el SIDA, niegan todo el esfuerzo de las campañas a favor del sexo seguro. Ahora, entre jóvenes gais y entre las parejas heterosexuales, las prácticas inseguras han vuelto a extenderse, y las tasas de infección han vuelto a subir. Esto se debe, no a los argumentos negacionistas, sino a la creencia de que las drogas lo solucionarán todo, lo que no es cierto. Lo que hace falta, sin embargo, es una campaña más fuerte a favor del sexo placentero, pero seguro. Cualquier avance para los argumentos negacionistas debilitaría tal campaña.

Miles de hemofílicos resultaron seropositivos debido a que las empresas que suministraban productos sanguíneos no hicieron las pruebas necesarias. Muchos de ellos, o sus familiares en el caso de defunción, intentan hacer una reclamación contra estas empresas. Los negacionistas, siguiendo su lógica, defienden la inocencia de las empresas.

En 1997, en un Tribunal de Alemania, un representante de la empresa Haemoplas, que había suministrado sangre contaminada con el VIH, fue absuelto después del testimonio de Dr. Stefan Lanka, uno de los "expertos" más destacados de la corriente negacionista. Éste remitió una carta ofreciéndose a testimoniar bajo juramento que el VIH no existe y que, al no haber cuerpo del delito, no se había cometido delito alguno (hecho recogido y celebrado en la web de Plural-21).

El negar las causas del SIDA también implica menospreciar las campañas a favor de centros de intercambio de jeringas, para evitar que los que usan drogas intravenosas se infecten con el virus.

A pesar de la imagen, cuidadosamente cultivada, de presentar argumentos serios y científicos, y detrás de la imagen de progresistas que defienden ante la gente de izquierdas, la posición negacionista es básicamente reaccionaria, culpando a las víctimas y muchas veces, como hemos visto, apoyando a los poderosos.

Una cita del Dr. Peter Duesberg, en una entrevista reproducida orgullosamente en una web negacionista, choca por su cinismo:

"-¿Qué pasa con los adolescentes con SIDA?

[...] Un tercio son hemofílicos, otro tercio son homosexuales o prostitutas, y el otro tercio son consumidores de drogas que empezaron a los 10 u 11 años."

Actitudes así no son científicas, ni progresistas.

Conclusión

El SIDA es un problema muy grave para la humanidad.

Las empresas farmacéuticas no quieren solucionarlo, sólo quieren sacar beneficios. Los gobiernos prefieren mantener los códigos conservadores respecto a la sexualidad, que montar las campañas necesarias a favor del sexo seguro, con información clara y condones libremente accesibles.

Tenemos que luchar por más recursos para acabar con la crisis del SIDA. Hacen falta mejores medicamentos, y tratamientos que curen la enfermedad. Hace falta investigación para encontrar las vacunas que sirvan no sólo en Occidente, sino también en África, donde el virus toma diferentes formas. Tenemos que seguir la lucha contra la OMC y su defensa de las patentes de las grandes empresas.

No es fácil, y tardará tiempo. La gente enferma con el VIH no tiene mucho tiempo: los de Europa occidental, debido a que aún existe algo llamado sanidad pública que les da la medicación, y los de EEUU que pueden permitírsela debido a sus altos ingresos, tienen algo más, los de África mucho menos. Pero, frente a los problemas reales, no sirve una repuesta irracional.

Tenemos que entender el problema, explicarlo, y luchar por una solución real. En esta tarea, el negacionismo es un enemigo, quizá no el más importante en los temas generales, pero aún así un enemigo.

David Karvala

En lucha (www.enlucha.org)

Algunas fuentes

In Internet hay bastante material refutando los argumentos negacionistas. El problema es que la enorme mayoría es sólo en inglés.

En castellano:

San Francisco Aids Foundation, No se crea la negación: el VIH sí causa el SIDA, http://www.sfaf.org/tratamiento/alerta/alerta0010.html

Excelente serie de artículos: Mark Schoofs, SIDA la agonía de África, ganadora del Premio Pulitzer 2000. Especialmente, capítulo 2, "Historia de dos hermanos", traducción castellana en:

http://elmundosalud.elmundo.es/elmundosalud/especiales/pulitzer/capitulo2.html

En inglés

NIAID, Focus On The HIV-AIDS Connection (tiene muchos enlaces a otras páginas que tratan el tema): http://www.niaid.nih.gov/newsroom/focuson/hiv00/default.htm

NIAID, The Evidence That HIV Causes AIDS: http://www.niaid.nih.gov/factsheets/evidhiv.htm

UNAID (ONUSIDA), HIV, AIDS and the reappearance of an old myth: http://www.unaids.org/special/index.html

Centers for Disease Control and Prevention (CDC), Divisions of HIV/AIDS Prevention: http://www.cdc.gov/hiv/stats.htm

Martin Delaney, "HIV, AIDS, and the Distortion of Science", http://www.aegis.org/topics/mdelaney.html

Chris Talbot "Marxism and the AIDS dissidents": http://www.wsws.org/articles/2001/jan2001/aids1-j31.shtml

 

Apéndice: Entrevista a Zackie Achmad

"Hemos puesto en evidencia que mucha gente muere de SIDA sólo por ser pobre"

Zackie Achmad: presidente de Treatment Action Campaign

El País: Miércoles, 2 de mayo de 2001

Zackie Achmad, de 39 años, seropositivo, es el presidente de Treatment Action Campaign (TAC), la organización que ha logrado introducir en la agenda mundial el problema del precio de los medicamentos para el Tercer Mundo, y sobre todo para los enfermos de SIDA. Gracias a esta presión, la coalición de multinacionales farmacéuticas retiró la demanda contra el Gobierno surafricano, lo que da vía libre a ese país para fabricar e importar genéricos antisida. Achmad, activo políticamente desde 1979, pasó por una etapa trotskista antes de ingresar en el Congreso Nacional Africano (ANC), donde es tan sólo un militante más. Afirma que sólo empezará a tomar fármacos antisida una vez que los medicamentos estén al alcance de todos en el sistema público de salud.

Pregunta. Tras el éxito, ¿a qué desafíos se enfrenta?

Respuesta. El desafío es transformar nuestra victoria en tratamiento efectivo para millones de africanos desposeídos. Lo que me gustaría es que se realizaran programas de desarrollo que permitieran a los países pobres pagar los tratamientos y potenciar la educación preventiva. Suráfrica puede hacerlo por sí sola. Otros países, no. Un buen comienzo podría ser la propuesta de Jeffrey Sachs y otros académicos de Harvard de que los países ricos costeen una agencia internacional de la ONU para comprar masivamente antirretrovirales con descuento.

P. ¿Qué programa de desarrollo propone?

R. Primero se necesita un plan de gasto en infraestructuras, laboratorios, almacenes, refrigeradores, transporte, etcétera. Segundo, recursos humanos: contratar más médicos y enfermeros y pagarles mejor. En tercer lugar, aprendizaje, y en cuarto, conseguir más dinero apelando al sector privado. La gente también puede contribuir a través de su seguro médico. Y el Gobierno. Incluso sin llegar a adoptar una posición extrema, como dejar de pagar la deuda externa, podemos pagar menos que ahora. Y hay instancias internacionales como el G-7, el Banco Mundial y el FMI, que pueden entregar donaciones a países como Malawi, Zimbabue, Mozambique o Angola, que realmente las necesitan.

P. ¿Cómo juzga el éxito de la TAC?

R. Nuestro logro más importante es haber puesto en evidencia, tanto en Suráfrica como internacionalmente, el hecho de que mucha gente está muriendo de SIDA simplemente porque es pobre, pese a que existen los medicamentos que pueden salvarles. Antes, la gente, cuando se le diagnosticaba el SIDA, sentía que recibía una sentencia de muerte.

P. Frente a ese logro, sorprende que no hayan conseguido ustedes que Suráfrica haga una campaña contra la transmisión del SIDA de madre a hijo.

R. El 80% del fracaso se debe al debate iniciado por el presidente Thabo Mbeki el año pasado. Si el presidente no se hubiese opuesto, tendríamos ese programa hace mucho tiempo.

P. ¿Por qué se opuso?

R. Justo antes de las elecciones de 1999 aceptó dar antirretrovirales a las mujeres embarazadas. Entonces él era vicepresidente y dijo que el único problema era el coste. Entonces nosotros logramos bajar los costes de manera significativa. Lo que pasó después fue crucial para el debate: el presidente fue influido por los así llamados disidentes, presuntos expertos que le llevaron a decir, cuando ya fue presidente, que el VIH no es la causa del SIDA.

P. ¿Realmente cree que ésa es la verdadera razón?

R. Absolutamente. No tengo ninguna duda al respecto.

P. ¿Una minoría puede influenciarle de esa manera?

R. Sí. No hay ninguna duda de que ha sido la opinión sostenida por quienes yo prefiero llamar los científicos desacreditados. Eso minó casi todo lo bueno que el Gobierno había hecho hasta entonces.

P. ¿Cuál es un precio justo para el cóctel antisida?

R. Unas 45.000 pesetas por paciente y año. Eso es lo que el Estado puede pagar. El precio actual es de 45.000 pesetas al mes. La industria ha acordado ahora bajar a 5.500 pesetas al mes. Puede bajar más.

P. ¿Han mejorado los tratamientos?

R. Es un desastre. Desde que se formó la TAC hemos pedido que se formalice el tratamiento de las infecciones oportunistas, como mínimo. Tardaron dos años en hacer un borrador, pero muchas clínicas no tienen una copia, y -peor aún- los médicos no han recibido los fármacos, ni un aprendizaje específico sobre el SIDA. Para colmo, el gasto sanitario per cápita ha bajado en los últimos cinco años. Eso significa que hay menos doctores y enfermeras.

P. ¿Cómo cambió su vida tras ser diagnosticado de SIDA?

R. Tener SIDA me ha hecho ser más impaciente con la gente y con los problemas. Pero no confundo las ideas con la gente.

P. ¿Puede alguien con SIDA ser optimista?

R. Yo sigo un dicho de un viejo comunista, Antonio Gramsci, que dijo que uno debe ser siempre un optimista de la voluntad y un pesimista del intelecto.