dijous, 1 de setembre de 2011

Fuera los fascistas de nuestras calles

Artículo publicado en En lucha, Septiembre 2011.

El brutal doble atentado en Oslo, el pasado 22 de julio, es una terrible advertencia de qué representa la extrema derecha, y de adónde llevan las ideas xenófobas e islamófobas.

Los medios y muchos comentaristas declararon rápidamente que el ataque era obra del terrorismo islamista, y se empezaron a oír las acusaciones colectivas hacia la gente musulmana.

Cuando quedó claro que el asesino, Anders Breivik, era de la extrema derecha y obseso del cristianismo, todo cambió. De repente, la culpa de la matanza la tenía un solo hombre, un loco. De responsabilidades más allá, nada de nada.

No se trata de culpar a los cristianos, por supuesto, pero los dirigentes xenófobos que llevan años impulsando políticas de odio, ¿no tienen nada que ver cuando uno de sus seguidores actúa inspirado en ese odio?


La extrema derecha en toda Europa se esforzó por negar cualquier relación con el asesino.

De hecho, Breivik militó varios años en un partido xenófobo, el “Partido del Progreso” noruego. Desde entonces, ha participado activamente en blogs y foros fascistas. Tenía relaciones muy estrechas con la organización hooligan-fascista, la Liga de Defensa de Inglaterra.

Breivik intentó impulsar un equivalente noruego, pero una de sus convocatorias atrajo a sólo 9 simpatizantes… y a unos 1.500 opositores, incluyendo tanto la juventud laborista como la izquierda anticapitalista.

Aparte de su historia de militancia, el manifiesto que publicó Breivik pocas horas antes de iniciar la matanza deja patente que el atentado se inspiró en ideas de extrema derecha.

En el Estado español, el grupo de extrema derecha de mayor éxito electoral es Plataforma per Catalunya (PxC), dirigida por Josep Anglada, fascista confieso. Imitando, como siempre, a sus homólogos europeos, Anglada se distanció del atentado, pero muchas de sus ideas tienen una similitud increíble con las de Breivik.

Los dos atacan el “multiculturalismo” como una amenaza a “la cultura occidental”. Ambos quieren quitar los derechos civiles a la población musulmana. Especialmente preocupante es el hecho de que los dos tildan de traidores a los partidos y políticos que no son de extrema derecha, éste fue el móvil principal de Breivik para atentar contra la juventud laborista. Los dos reproducen muchas ideas típicas del fascismo. Incluso tanto Breivik como Anglada afirman que no son de extrema derecha —ni mucho menos fascistas— y que tampoco son racistas.

No se trata de que Anglada u otros dirigentes fascistas europeos hayan participado directamente en estos atentados. Pero la subida de la extrema derecha siempre contribuye a un aumento de la violencia. Muchos militantes de PxC, incluyendo al propio Anglada, tienen historiales de actos violentos, y hasta de atentados terroristas.

PxC subió en las recientes elecciones municipales, logrando 67 concejales en Catalunya. Se propone liderar una candidatura estatal en las próximas elecciones legislativas. Es urgente detenerlo.

Durante este último año, se ha creado en Catalunya “Unidad contra el fascismo y el racismo” (UCFR). Este nuevo movimiento amplio y plural crece rápidamente; ya tiene centenares de entidades adheridas, y grupos locales en muchos municipios y comarcas de Catalunya. A diferencia de muchos grupos antifascistas, UCFR no tiene un largo programa político; su único objetivo es establecer la mayor unidad de acción posible contra los fascistas, con octavillas, pegatinas, actos, movilizaciones, etc. Allí donde UCFR se ha establecido, ya ha demostrado su eficacia.

Como los partidos europeos que copia, PxC gana votos en base a mentiras. Fingen ser demócratas, preocupados por “la gente de casa”, cuando realmente son fascistas. Fingen porque saben que gran parte de sus votantes, e incluso algunos de sus militantes, lo abandonarían de saber la verdad. Por tanto, nos toca desenmascarar esta verdad y así evitar que tengan éxito en las próximas legislativas.

Muchos otros problemas quedarán, por supuesto: la crisis y los recortes sociales y, más allá, el propio sistema capitalista. No le toca a UCFR ofrecer soluciones a todo esto.

Hará falta luchar, no sólo para frenar un grupo fascista, sino para acabar con el sistema que produce el fascismo, la desigualdad social y la guerra. Las personas que quieren derrocar al capitalismo y reemplazarlo por una sociedad realmente democrática, autogestionada desde abajo, no tendrán suficiente con un movimiento, deben organizarse políticamente, por ejemplo, participando en un grupo anticapitalista, como En lucha.

Pero una cosa no quita la otra. Frenar la extrema derecha es de vital importancia. Ya hemos visto las consecuencias de no hacerlo a tiempo. No queremos más Oslos. Con una lucha unitaria contra el fascismo, lo podemos evitar.