dimecres, 19 de novembre de 2008

Aún hoy, “No a la guerra”

Como informó Público (18/11/08), ante el creciente número de bajas civiles en Afganistán debido a ataques de la aviación norteamericana, la Ministra de Defensa, Carme Chacón, aboga por impulsar “la colaboración entre la misión internacional ISAF y la de Libertad Duradera, liderada por EEUU”.

Uno podría preguntarse cómo colaborar con los que bombardean aldeas y matan decenas de civiles cada semana podría representar una paso adelante.

Pero el portavoz de la OTAN, James Appathurai, nos saca de dudas, al afirmar que ya existe una “excelente coordinación” entre EEUU —las fuerzas abiertamente de guerra y ocupación en Afganistán—y la ISAF, a la que el gobierno español presenta como una operación de reconstrucción.

O sea, los civiles que mueren bajo las bombas ya disfrutan de una “excelente coordinación” entre el ejército español y ese otro impulsor de la paz y los derechos humanos que representa el ejército estadounidense.

Son hechos como éste los que explican por qué el movimiento antiguerra vuelve a salir a la calle este sábado, 22 de noviembre, ahora para pedir la retirada de las tropas españolas de Afganistán, y a favor de una solidaridad real con el martirizado pueblo de ese país.

Habrá protestas en ciudades como Barcelona, Sevilla, entre otras (Madrid saldrá una semana más tarde).

Mucha gente debe pensar que el tema de la guerra es cosa del pasado, y se supone que el nulo interés mediático en estas protestas refleja la misma sensación.

Ahora estamos muy ocupados con la crisis, y por supuesto, mucha gente trabajadora tiene muchos motivos por preocuparse. Algunos quizá piensen que la elección de Obama solucionará los problemas en Oriente Medio.

Pero la crisis no quita el peligro de guerra, sino más bien al contrario.

No olvidemos que la Primera Guerra Mundial siguió un largo período de globalización económica, además de colonialismo; la contienda fue precisamente producto de esa competencia entre países.

La Segunda Guerra Mundial siguió el crac de 1929 y la depresión de los años 30. La solución a esa crisis consistió en grandes inversiones estatales… en armas.

Y tras la Segunda Guerra Mundial vino la guerra fría, que —detrás de toda la retórica de democracia y comunismo— consistió en una lucha por dominar el mundo y sus recursos.

Así que la crisis actual trae aún más peligro de guerra.

Ya vimos lo que podría significar con el conflicto en Georgia el verano pasado, escenario de la rivalidad entre Rusia y la OTAN, que intenta extenderse a esa región.

El conflicto actual en el Congo es fruto de la historia imperialista en la región y la lucha por el control de los recursos, y nada que ver con cuestiones tribales.

Ante este panorama, la elección de Obama —bienvenida en muchos sentidos, por lo que demuestra acerca de la capacidad del pueblo estadounidense de romper con los tópicos racistas— no cambia gran cosa.

Los intereses de los dirigentes estadounidenses siguen siendo los mismos. Y el programa de Obama en Oriente Medio es retirar algunas tropas —no todas— de Irak, para intensificar la guerra en Afganistán y llevar a cabo más ataques contra Pakistán.

No, el tema de la guerra no se acabó. Este sábado, los gritos de “No a la guerra” sonarán de nuevo, y con más razón que nunca. Sólo que ahora, algunos políticos que se manifestaron con nosotros en 2003 están intentando vendernos las virtudes de una ocupación sangrienta.

Carta aparecida en Público, 21/11/08