dissabte, 1 de març de 2003

Los motivos reales de la guerra contra Irak

Artículo de En Lucha nº82, marzo de 2003

“El Irak de Sadam Husein representa una amenaza a la paz y la seguridad del mundo porque es la encrucijada donde convergen en un solo lugar, bajo un solo tirano, las armas de destrucción en masa, el apoyo estatal al terrorismo, la agresión internacional y una continua agresión a los derechos humanos.” Web del Departamento de Estado de EEUU.

“El régimen irakí [querrán decir iraquí] lleva doce años incumpliendo [las] resoluciones [de la ONU] que garantizan la paz.” PP, Por la paz, por nuestra seguridad.

Las magníficas manifestaciones del 15-F demostraron que casi nadie se cree estas mentiras —fuera del Pentágono o la Moncloa, si es que incluso ellos las creen— pero antes de tratar los motivos reales, miremos brevemente estas “explicaciones” oficiales.


Las mentiras

Sadam rige una economía destrozada, cuyo gasto militar es casi 400 veces menor al de EEUU y sus aliados. Nadie en su sana mente puede imaginar que Sadam atacará a Europa o Estados Unidos. Sadam es una amenaza a su propia población, pero no al resto del mundo.

Bush, que condena las armas de destrucción masiva, es Presidente del único país del mundo que ha utilizado bombas nucleares en una guerra.

Las brutalidades contra la población kurda son tristemente reales. Como explica la web del Departamento de Estado de EEUU: “5.000 murieron en el ataque a Halabja en marzo de 1988”. Lo que no explican es que los gases venenosos utilizados en esta matanza a los kurdos de Irak provinieron de EEUU y Europa occidental. Fue así por la simple razón de que entonces Sadam fue aliado de Occidente, y recibía armas para proseguir una guerra terrible contra Irán, para contener a la revolución islamista.

Respecto a las resoluciones de la ONU, hay que preguntarse dónde estaban las resoluciones anteriores a 1991, cuando todo esto ocurría. ¿Por qué el PP no puede hablar de 15 o 20 años de resoluciones rotas? Simplemente porque mientras Sadam actuaba como agente de los poderes occidentales, no tenía que temer la intromisión de la ONU.

Se suponía que la guerra contra Irak formaba parte de la respuesta de los atentados del 11-S, pero no se han esforzado en aportar prueba alguna de una conexión. La única que existe no les sirve; tanto Sadam como Bin Laden fueron antiguamente agentes de Estados Unidos, que luego se giraron contra su amo.

Si EEUU consigue derrocar a Sadam, impondrán una autoridad militar o bien a un nuevo dictador. No instalaron la democracia a Afganistán y no existe motivo por pensar que lo llevarán a Irak con sus misiles y bombas.

Los motivos reales: petróleo

Por todas partes se comenta que la guerra contra Irak tiene que ver con el petróleo, y esto ha contribuido mucho a aumentar la oposición.

Un informe de alto nivel del Gobierno de EEUU, National Energy Policy, de mayo de 2001, explicó: “Entre 1991 y 2000, los estadounidenses gastaron 17% más energía que en la década anterior, mientras en el mismo período, la producción doméstica de energía subió en sólo 2,3% […] Se proyecta que en 2020, el consumo energético de EEUU habrá subido en 32%.” De ahí el problema.

Otro informe, de un grupo independiente de asesores, fue explícito al sacar conclusiones:

“Irak sigue siendo una influencia desestabilizadora para los aliados de EEUU en el Oriente Medio, así como al orden regional y global, y al flujo del petróleo a los mercados internacionales desde Oriente Medio […] EEUU debe llevar a cabo una revisión inmediata de su política hacia Irak, incluyendo aspectos militares, energéticos, económicos, y político/diplomáticos. EEUU debe desarrollar una estrategia integrada con aliados clave en Europa y Asia y con países clave en Oriente Medio para reafirmar sus objetivos respecto a su política en Irak y para restaurar una coalición cohesionada de aliados clave.” (Strategic Energy Policy Challenges for the 21st Century, abril de 2001).

O sea, mucho antes del 11 de septiembre, la administración Bush se dirigía hacia Irak, y no por motivos de derechos humanos o “terrorismo internacional”, sino para poder controlar su petróleo.

Más que petróleo

Pero tampoco es tan sencillo. La gente normal que necesita combustible para el coche va a la gasolinera, no ocupa un país. EEUU compra petróleo a Arabia Saudí y a Venezuela; no deberían tener problemas ni políticos ni morales ante comprarlo a Irak.

Entonces ¿porqué lanzarse a una guerra tan arriesgada y costosa?

Una razón contradictoria es el mal estado de la economía estadounidense. En 2002, tuvo un déficit presupuestario —la diferencia entre lo que el Estado gasta y lo que cobra en impuestos — de unos 200 mil millones de dólares, y se prevé que será mucho mayor en el 2003. Tiene un déficit comercial —la diferencia entre las importaciones y las exportaciones— de unos 400 mil millones de dólares al año. Esto se cubre mediante el aumento continuo de la deuda; EEUU es el mayor deudor del mundo, alcanzando una cifra de 2.700 mil millones de dólares en 2002, sobre todo debido a Japón y Europa.

Todo esto hace que una guerra, cuyo coste económico se estima —en las previsiones más bajas— a entre 100 y 200 mil millones de dólares, sea una opción muy arriesgada. Pero es un riesgo que la administración asume, precisamente porque no ve otra forma de salir de su situación.

Si logra controlar el petróleo de Irak —que tiene, como se ha repetido muchas veces, las segundas reservas más importantes del mundo— tendrá una solución, aunque sólo sea temporal, para sus problemas económicos. La posición de EEUU en el Golfo es, por tanto, la de un jugador de póquer que ha apostado alto y, aunque sólo fuera por este motivo, no será fácil obligarle a retirarse.

Pero, y esta es la clave, la administración de EEUU no es simplemente “gente normal” que quiere combustible, sino que es un poder imperialista. Más exactamente, es el poder más fuerte del mundo actual, y quiere mantener esta posición.

El control del petróleo iraquí también aumenta el poder político de EEUU, frente a los poderes que realmente le preocupan, que no son Irak e Irán, sino Rusia, China, la Unión Europea y Japón, estos últimos siendo importantes acreedores de EEUU.

La mafia y el miedo

La mafia mata a un deudor, o corta la cabeza de un caballo y la deja en la cama de un socio sospechoso. No se puede explicar esto con referencia a su odio a los caballos, ni tiene sentido calcular el sueldo del asesino en comparación con la cantidad de la deuda. La cuestión no es el beneficio directo, sino la importancia de “arreglar” el asunto, para que todos vean quién manda. No sólo ocurre así en las películas, sino que los poderes imperialistas aplican el mismo principio.

Existe un documento asombroso, Rebuilding America’s Defenses, editado en septiembre de 2000, que describe la visión de los dirigentes actuales de EEUU. Sus autores, el “Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense”, resumieron en 1997 sus objetivos de la siguiente forma:

“Al llegar al final del s. XX, Estados Unidos queda como el poder predominante en el mundo. Después de llevar a Occidente a la victoria en la Guerra Fría, América se enfrenta a una oportunidad y un reto: ¿Tiene EEUU la visión para construir sobre los logros de las décadas recientes? ¿Tiene EEUU la resolución para formar un nuevo siglo favorable a los principios e intereses estadounidenses?
“[Lo que necesitamos es] un poder militar que sea fuerte y capaz de hacer frente a los desafíos actuales y los del futuro; una política exterior que audaz y decididamente promociona los principios americanos en el extranjero; y dirección nacional que acepte las responsabilidades globales de Estados Unidos.
“Por supuesto, EEUU debe ser prudente en como ejerce su poder. Pero no podemos sin peligro evitar las responsabilidades de liderazgo global o los gastos asociados a su ejercicio. América tiene un papel esencial en mantener la paz y la seguridad en Europa, Asia y Oriente Medio. Si huyamos de nuestras responsabilidades, invitamos desafíos a nuestros intereses fundamentales.”

Estas frases revelan que, más allá de los delirios de grandeza, los dirigentes de EEUU tienen miedo a perder su estatus. Saben que todos los poderes imperialistas anteriores han decaído, y que les podría pasar lo mismo. Ya no tienen tanto predominio económico como tenían en los años 50; ahora la Unión Europea les alcanza en producto interior bruto, y con la ampliación de la UE les superará. Es esta debilidad económica la que les impulsa, cada vez más, a recurrir a soluciones militares, donde siguen teniendo una superioridad enorme.

El informe explica lo que implica este liderazgo:

“En la región del Golfo Pérsico, la presencia de fuerzas estadounidenses, junto con unidades británicas y francesas, ha llegado a ser un hecho semi-permanente. Aunque la misión inmediata de estas fuerzas es imponer las zonas de exclusión aérea en el norte y el sur de Irak, representan el compromiso a largo plazo de EEUU y sus aliados más importantes a una región de vital importancia.
De hecho, EEUU ha buscado desde hace décadas jugar un papel más permanente en la seguridad regional del Golfo. Mientras el conflicto sin resolver con Irak provee la justificación inmediata, la necesidad de una presencia importante de fuerzas estadounidenses en el Golfo trasciende la cuestión del régimen de Sadam Husein.”

Aparte del interés directo en controlar la región —que obviamente tienen el factor del petróleo— existe una preocupación mucho más amplia por mantener la credibilidad de Estados Unidos como un poder militar mundial. Un informe oficial, el 1997 Quadrennial Defense Review, lo explica sin rodeos:

“Si EEUU abandonara su capacidad de derrotar la agresión en más de un teatro de operaciones a la vez, nuestro estatus como un poder global, como el socio de seguridad de elección y líder de la comunidad internacional se pondría en duda. Incluso, algunos aliados sin duda verían una capacidad de una sola guerra como una señal de que, si EEUU estuviera muy comprometido en otra parte, ya no sería capaz de defender sus intereses… Una capacidad de un solo teatro de guerra arriesgaría minar… la credibilidad del compromiso de seguridad de EEUU en regiones clave del mundo. Esto, a su vez, podría llevar a aliados y amigos a adoptar políticas y actitudes de defensa más divergentes, así debilitando la red de alianzas y coaliciones de la que dependemos para proteger nuestros intereses en el extranjero.”

Aquí hablan de la importancia de tener la capacidad de llevar a cabo dos guerras a la vez —un tema muy vigente, dada la crisis incipiente en torno a Corea del Norte—, pero lo que hay que destacar ahora es la importancia para los dirigentes de EEUU de mantener la imagen de su capacidad militar. Igual que el viejo mafioso, si por un momento parece débil, está acabado.

Una retirada del Golfo, sin haber echado a Sadam, supondría tal debilitamiento. Éste es el motivo principal por el cual Bush y los suyos harán cualquier cosa antes de abandonar sus planes de guerra.

La tarea del movimiento contra la guerra es, por tanto, enorme. Pero, como vimos el 15 de febrero, también lo es nuestro movimiento.

Si logramos parar la guerra, y sí es posible, habremos no sólo contribuido a salvar miles de vidas en Irak —lo que no es poco— sino que habremos debilitado el mayor poder militar del mundo, el aliado esencial de muchos otros poderes. No olvidemos que Sadam empezó como uno de estos aliados, y siguen existiendo muchos más, igual de brutales.

La lucha contra esta guerra es parte de la lucha para hacer otro mundo posible, en un sentido muy real.