diumenge, 1 de desembre de 2002

Leninismo

Artículo aparecido en En lucha no 79: diciembre de 2002

"Al dejarnos, el camarada Lenin nos ordenó tener en alto y proteger la pureza del gran título de miembro del Partido. ¡Te juramos, camarada Lenin, que cumpliremos con honor tu mandamiento!"

Leyendo estas palabras, que rezuman religiosidad e hipocresía, se entiende por qué muchos activistas anticapitalistas rechazan el leninismo.


De hecho, la cita, de un discurso, lleno de tales "juramentos", que hizo Stalin poco después de la muerte de Lenin, no tiene nada que ver con el Lenin de verdad. Representa todo lo que es más horrible del uso que se hizo en la URSS del "leninismo".

Y rechazar el leninismo, debido a la caricatura que de él presentó Stalin, es como rechazar la democracia porque Aznar dice ser demócrata.

Para entender qué representa el leninismo, hay que pasar de los mitos de él creados por los intelectuales a sueldo, tanto de Stalin como de la derecha occidental, y mirar qué hizo, realmente, Lenin.

Lenin creció en las últimas décadas del siglo XIX, en una Rusia atrasada y brutalmente represiva. La imagen dominante en la izquierda fue la del anarquista con capa y bomba, que intentaba heroicamente matar al Zar o a algún ministro o comisario. Incluso el hermano de Lenin fue ejecutado después de participar en un atentado fallido.

El mito de Moscú dice que el día de la ejecución, Lenin sufrió una repentina conversión, y se hizo un "leninista" acabado. Más bien se dio cuenta poco a poco de que el terrorismo individual no funcionaba, y de que se tenía que basar en las luchas de masas, sobre todo en la de los trabajadores. Lo que sí mantuvo de esta corriente anarquista fue su espíritu de lucha, su dedicación a la revolución.

Diputados

En esta época, el marxismo europeo se había convertido en una política casi institucional.

En Alemania, hubo un enorme Partido Socialdemócrata SPD, que tenía diputados, sindicatos, clubes deportivos, coros... En Rusia, hubo incluso "marxistas" que pensaban que se tenía que promover al capitalismo en su país, como la "próxima etapa histórica". Otros anhelaban poder llevar a cabo una política reformista parecida a la de los alemanes.

La clave para entender a Lenin nos la dio el pensador revolucionario húngaro, Lukács: "la actualidad de la revolución llegó a convertirse... en el seguro criterio de acuerdo con el cual tomar las decisiones pertinentes en todos los problemas cotidianos."

¿Qué significa esto?

Supuso que, en vez de hacer la política institucional, intentando entrar a formar parte del sistema, se dedicó a fomentar las luchas para derribarlo.

No ignoró las luchas parciales, sino que intentó llevarlas adelante, y ayudar a sus participantes a entender que no había suficiente con tal o cual reforma parcial.

La organización, el famoso "partido leninista" o el bolchevismo, es meramente una consecuencia de esta orientación.

En los períodos de poca lucha y de fuerte represión, no se podía hacer una política de masas. Sólo entonces, Lenin enfatizó el pequeño núcleo revolucionario, algo apartado de la masa de la gente, como la única manera de mantener el hilo de la organización e ideas revolucionarias bajo tales condiciones.

Pero en cuanto surgiera la posibilidad, como ocurrió con las luchas de 1905, luego parcialmente en 1912-14, y sobre todo en 1917, abogó por la mayor apertura de los revolucionarios, para fundirse en la lucha con los nuevos activistas.

Mantuvo la importancia de la organización revolucionaria, pero ahora que era posible, a un nivel mucho más amplio, superando los sectarismos adquiridos en las épocas más difíciles.

En 1917, se dio la unificación de gran parte de los marxistas revolucionarios, que durante años habían estado divididos en facciones beligerantes. A la vez, literalmente cientos de miles de activistas revolucionarios en las fábricas, en los barrios y en el ejército, se afiliaron al ampliado partido bolchevique.

Intento

La prueba de la validez de las ideas de Lenin la tenemos en la victoria (aunque fuese breve) de la revolución de 1917.

El mejor intento revolucionario anterior, la Comuna de París, había sido ahogado en sangre. Lo mismo pasó, incontables veces después, sobre todo con la revolución alemana, donde los dirigentes "reformistas" del partido socialdemócrata alemán hicieron asesinar a Rosa Luxemburg y a muchos otros activistas.

En Rusia, sin embargo, la existencia de una red organizada de activistas revolucionarios, en todo el país, hizo posible la coordinación no sólo para acciones puntuales de protesta sino, y lo que es más importante, para quitar el poder a los ricos y a los políticos profesionales.

Después de la victoria de 1917, muchos revolucionarios de otras corrientes, por ejemplo Andreu Nin y Victor Serge que provenían del anarquismo, vieron que Lenin tenía razón al promover la organización de los revolucionarios en un partido, y que esta lección se aplicaba no sólo a Rusia, sino a todo el mundo.

El aislamiento de la revolución rusa -en gran parte debido a la derrota de la revolución alemana a manos de los "moderados"- hizo que la liberación que ésta representó se perdiera bajo la bota de Stalin. Pero no deberíamos olvidar que, 80 años antes de Seattle, el grito "otro mundo es posible" llegó a hacerse realidad.

Este ejemplo, que nos debe inspirar ahora, a principios del siglo XXI, es el verdadero legado de Lenin.