diumenge, 1 de setembre de 2002

Feminismo

Artículo aparecido en En lucha no 76: septiembre de 2002
Se mire como se mire, existe en esta sociedad una fuerte desigualdad entre hombres y mujeres. Si se consideran los salarios y las condiciones laborales; la presencia en las capas dirigentes políticas; la representación en los medios... existe una discriminación contra las mujeres, debido, simplemente, a que vivimos en un mundo que oprime a las mujeres.
Frente a este hecho, cualquier progresista, cualquier grupo de izquierdas, quizás con contadas excepciones jurásicas, defiende la liberación de las mujeres.
Comunmente, este rechazo al sexismo se llama feminismo, mientras que la sociedad que oprime a las mujeres se define, a menudo, como patriarcado.
Sin embargo, las cosas se complican cuando se intenta ir más allá de las declaraciones generales, para plantear cómo conseguir la liberación de las mujeres y, lo que es un paso imprescindible en esta tarea, para entender las raíces de su opresión.

El patriarcado

La teoría más extendida entre la izquierda, así como en círculos feministas, ve la opresión de las mujeres como un hecho que subyace en toda la sociedad humana desde hace como mínimo miles de años, si no desde siempre.
Según la versión más completa de esta teoría, la división entre hombres y mujeres es la división fundamental en todas las sociedades. Se mantiene que la opresión de las mujeres la lleva a cabo todo el sexo masculino, contra todo el sexo femenino. Es ese modelo de sociedad el que recibe el nombre de patriarcado.
Y si todos los hombres oprimen a todas las mujeres, la conclusión política es, lógicamente, que todas las mujeres, dejando de lado las diferencias "superficiales" de clase, tienen que unirse contra todos los hombres, si quieren liberarse.
Es esta perspectiva política la que se llama, estrictamente, feminismo.
La amplia aceptación de esta visión se refleja en el hecho de que, por ejemplo, en el Foro Social Europeo, que se celebrará este noviembre en Florencia, la sesión que trata de la opresión de las mujeres lleva el título "Hombres y mujeres: un conflicto necesario para un futuro compartido". O sea, en vez de plantear la liberación de las mujeres como una lucha contra el capitalismo, el neoliberalismo, o la globalización, se plantea como un conflicto contra "los hombres".
Pero aunque ésta sea la teoría más aceptada en la izquierda, no es la única.

Opresión y lucha de clases

Hace un siglo y medio que el marxismo revolucionario viene analizando esta cuestión.
Friedrich Engels, en su libro Origen de la familia (1870/80) analiza la opresión de las mujeres como algo que surgió bajo unas condiciones específicas e históricas, con el surgimiento de las sociedades de clase, hace 10 o 12 mil años. Así que la opresión de las mujeres sólo se entiende como parte de una sociedad basada en la explotación, y con los cambios producidos en ésta -desde las sociedades antiguas basadas en la esclavitud, hasta el capitalismo- se ha cambiado la forma -aunque no el hecho en sí- de esta opresión.
Así que el capitalismo, en su nacimiento, no simplemente mantuvo la opresión de las mujeres ya existente, sino que la adaptó a su propia manera. Es más, esta opresión ha ido cambiando con los cambios en el capitalismo. La vida de una mujer en el Estado español es muy diferente hoy, si la comparamos con la del s. XIX, o incluso con la de los años 40 o 50 del s. XX. Estos cambios, entendibles desde una perspectiva marxista, son incomprensibles si la opresión se atribuye a un eterno e histórico patriarcado.
La diferencia entre la teoría feminista y la marxista es más notable aún en sus propuestas políticas. La teoría feminista implica que una mujer trabajadora tiene más en común con una mujer burguesa -una empresaria- que con los hombres con quien trabaja. En realidad, la mayoría de las trabajadoras que se definen de feministas no llegan a este extremo, pero es una conclusión lógica de la teoría del patriarcado.
La propuesta marxista revolucionaria es muy diferente. Argumenta que los problemas relacionados con la opresión de las mujeres -desde la discriminación laboral, hasta el derecho al aborto- sólo se solucionarán mediante la movilización de la clase trabajadora, que incluye a mujeres y a hombres. Al fin y al cabo, no puede haber liberación de las mujeres sin acabar con el capitalismo, sin una revolución.
No obstante alguna feminista burguesa, las empresarias en general se benefician de la opresión de las mujeres. Pueden pagar salarios de miseria a las trabajadoras de sus fábricas y a sus empleadas domésticas; si no hay derecho al aborto o guarderías públicas y de calidad, no les importa porque ellas pueden ir al sector privado.
Se vio claramente en el caso Nevenka, el caso de una mujer que sufrió acoso sexual a manos (literalmente) de un alcalde del PP, y ante el que Ana Botella y las demás prefirieron respaldar a la jerarquía pepera a apoyar a una "hermana" maltratada.

Diferencias

En conclusión, frente a las barbaridades del sistema, no deberíamos exagerar las diferencias entre el feminismo y el marxismo, todas y todos queremos acabar con la opresión de las mujeres; en este sentido somos todas y todos feministas. En la enorme mayoría de las luchas, nos encontraremos marxistas y feministas en el mismo lado.
Pero en lo que se refiere a los análisis más a fondo y, sobre todo, a las estrategias para conseguir la liberación, la teoría feminista más minuciosamente definida no es la más adecuada.
Sin embargo, no hay suficiente con simplemente decir esto: en el pasado, la crítica hacia el "feminismo burgués", por parte de demasiados marxistas, ha reflejado a menudo una actitud machista, y una falta de interés en la liberación de las mujeres.
Se tendrá que demostrar en las luchas reales por la liberación que el marxismo es el mejor camino para acabar con ésta, y toda, opresión.