dimecres, 1 de desembre de 1999

El imperio de Bill Gates: Microsoft, monopolio y el "libre mercado"

Artículo publicado en En Lucha Nº 46, diciembre de 1999

Un tema que salió a menudo en los reportajes, al hablar de la caída del Muro de Berlín, fue la supuesta superioridad de la economía de mercado, respecto a la economía socializada y planificada.

Dejando a un lado el hecho de que las economías estalinistas no eran ni socializadas ni planificadas, la controversia entorno a Microsoft revela mucho sobre el "libre mercado".

Microsoft, la empresa de Bill Gates, el hombre más rico del mundo, fabrica el programa Windows. Windows es el sistema operativo —el programa que hace funcionar el ordenador— instalado en el 95% de los ordenadores personales del mundo.

Esto, a su vez, da a Microsoft una ventaja enorme en el momento de vender sus otros programas, como el Word o Office, que se utilizan para escribir, controlar datos etc., y ahora además tiene su programa Internet Explorer.

Es precisamente el control de Internet lo que está en juego ahora. Si, como se predice, la cantidad de compras y otros negocios que se hacen en Internet —el "comercio electrónico"— aumenta, pasando a valer miles de millones de dólares, quién controle el acceso a Internet controlará el acceso a estos dólares.

Y Bill Gates quiere que éste sea Microsoft.

Todo esto ha provocado litigios multimillonarios en Estados Unidos, donde un juez ha encontrado pruebas suficientes para acusar a Microsoft de prácticas monopolistas. Parece más que comprobado que la empresa ha utilizado métodos ilegítimos para vencer a sus competidores; por ejemplo, obligaron a fabricantes de ordenadores a incluir el Internet Explorer de Microsoft, y no el de la competencia, Netscape Navigator, si es que querían Windows a un precio asequible.

Ahora se espera la sentencia del juez, pero mientras tanto, el debate continúa.

El problema para el sistema es qué hacer.

Los competidores de Microsoft, que se traduce en casi todas las demás empresas informáticas, quieren que se rebaje su poder. Pero Gates puede argumentar que sólo compite en el mercado, ofreciendo los productos que los consumidores quieren, y también puede señalar otros casos de monopolio. Por ejemplo, ya no el 95%, sino el 100% de los ordenadores Pentium del mundo tiene el chip (el "cerebro" del PC) fabricado por Intel.

La verdad es que cada vez más sectores del mercado van camino de convertirse en monopolios, hecho confirmado por las recientes fusiones en la banca, entre las grandes empresas automovilísticas, etc.

Además, con los ordenadores, es cierto que si a muchos les cuesta aprender a utilizar un ordenador sólo con el sistema Windows, ¿cuánto más complicado sería si se tuvieran que aprender 5 o 10 sistemas diferentes? Y es lo mismo en lo que se refiere a los programas para escribir, para tratamiento de datos etc. Parece lógico que se estandarice, para simplificar el asunto.

Pero con el libre mercado todo esto lleva a que un hombre, como Bill Gates, acaba teniendo más dinero de lo que se puede contar (una cifra que se citó el año pasado rondaba el 1,5 billones de pesetas, pero seguro que ahora es mucho más).

La solución parece obvia. Que Microsoft sea un monopolio, pero que esté en manos públicas. Así, por ejemplo, se podrían fácilmente suministrar los programas más actualizados a todas las escuelas, y a cada persona que quisiera, al precio de coste, (el precio de fabricación de un CD es alrededor de 100 ptas., pero ahora los CD-Rom con programas se venden a miles, o incluso cientos de miles, de pesetas).

De hecho, todo Internet podría ser, como debería ser, un servicio público, no un negocio o una máquina para hacer más dinero para las grandes empresas.

Pero esto, claramente, significa cuestionar todo el sistema económico en el que vivimos. El caso Microsoft muestra las contradicciones inherentes a una economía basada en la búsqueda de beneficios, en vez de en la producción para cubrir las necesidades de la gente.

Y si se cuestiona el mercado en lo que se refiere a la informática, cuanto más hay que rechazarlo en lo que se refiere a las necesidades realmente fundamentales, tales como la comida y la vivienda.

El "mercado libre" no es un sistema para que los seres humanos vivamos, es un sistema para hacer a los que ya son ricos, aún más ricos. Necesitamos una alternativa, una economía realmente racional y planificada, no por unos pocos burócratas como en Europa del Este, sino por la misma gente.