divendres, 1 de gener de 1999

Cuba: a 40 años de la revolución

Artículo aparecido en En lucha No 36, enero de 1999

Hace 40 años cayó Batista, el entonces dictador de Cuba. El año nuevo de 1959 vivió la irrupción de una nueva fuerza revolucionaria, antiimperialista, los guerrilleros de Sierra Maestra.

Llegaron de las montañas para tomar Santa Clara, La Habana y el resto de la isla. Al hacerlo, crearon el mito de Cuba, "el primer territorio libre de las Américas"; una visión seguida por millones de personas en todo el mundo.

Dos años más tarde, Fidel Castro declaró que Cuba era socialista. Parecía un modelo de socialismo muy diferente, mucho más atractivo, que el de los hombres grises del Kremlin. Ahora, 40 años después, las cosas parecen distintas.


David Karvala, brigadista en Cuba en 1996, hace un esbozo de la historia de la revolución, y de lo que ha pasado después.

Dictadura y revolución

CUBA ANTES de la revolución fue conocida como lugar de placer para los turistas estadounidenses. Podían jugar en los casinos, ir con prostitutas, emborracharse con buen ron, y todo a una precio irrisorio.

La situación para la mayoría de los cubanos era otra. Fidel Castro describe en La historia me absolverá (su discurso de defensa durante su juicio por el ataque al Cuartel Moncada) la pobreza de la mayoría de gente en la isla, la falta de trabajo, y de tierras para los campesinos, la prostitución, etc.

A esto se añade la corrupción total del régimen de Batista, cuyos miembros ponían más interés en llenarse los bolsillos que en sacar el país adelante.

Sierra Maestra

El grupo guerrillero dirigido por Castro, que acabó haciendo la revolución, el Movimiento 26 de julio (la fecha hace referencia a la del ataque al Cuartel Moncada), empezó mal. Unos 80 guerrilleros llegaron a Cuba a finales de 1956 en el barco Granma, tan sólo para encontrarse con una emboscada por parte del ejército de Batista. Los pocos que sobrevivieron, que incluían a Castro, Che Guevara y Camilo Cienfuegos, fueron el núcleo de una guerrilla que nunca sobrepasó los 2000 luchadores. Lucharon heroicamente, tanto como muchas guerrillas que han pasado décadas haciendo lo mismo, pero sin éxito.

En el caso de Cuba, la clave fue la putrefacción del mismo régimen de Batista. Al final ni los Estados Unidos estaban dispuestos a apoyar a éste, ni mucho menos lo estaba la población, hundida en la miseria. Así que al cabo de dos años de lucha por parte de una guerrilla mucho más pequeña que las de Colombia o El Salvador, con una guerra mucha más corta (piénsese en los 30 años de guerra en Guatemala), la dictadura cayó.

El 8 de enero de 1959, el Movimiento 26 de julio entró en La Habana, victorioso.

Los logros de la revolución: "Cuba socialista"

LA REVOLUCIÓN trajo cambios importantes en las vidas de la gente, desde la reforma agraria, hasta la creación de servicios sociales. Poco después de la revolución se hizo la campaña de alfabetización; miles de estudiantes entusiasmados fueron al campo para enseñar a los campesinos a leer. El sistema educativo se extendió, y el acceso fue gratis para todos.

La salud mejoró enormemente. Esto se ve claramente en la tasa de mortalidad infantil, un indicador clave. Antes de la revolución, 60 de cada mil bebés nacidos morían antes del primer año. En 1975 la cifra había bajado a 27,5 por mil, y en 1983 a sólo el 15. Esto hay que compararlo con la tasa de mortalidad del 58 por mil en El Salvador y Guatemala, y de 116 en Haití, e incluso con la cifra de 18 por mil, para bebés negros nacidos en los Estados Unidos.

La expectativa de vida en Cuba subió de 55 años antes de la revolución a 72 años para hombres y 76 para mujeres en los 80, mucho más que en América central. Había más médicos, más centros sanitarios y mejor nutrición. Todo esto demuestra la mentira de los que dicen que no hay alternativa a la pobreza y sufrimiento para los miles de millones de personas en el "tercer mundo". No es inevitable que mueran tantos niños, mujeres y hombres de hambre o enfermedad.

No es oro...

Pero a la vez que se estaban logrando estas mejoras, había otros aspectos en los que la revolución no fue tan revolucionaria.

El tema más notorio es la situación de la gente gay. Ya en 1965, se encerraba a gays en las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, o sea, campos de trabajo. Desde los 60 en adelante, había purgas de gays en los círculos de arte y en las universidades. Se prohibió la entrada de homosexuales en el Partido Comunista de Cuba; un grave problema en un país donde los mejores trabajos eran exclusivamente para militantes del partido. Luego llegó el trato a las personas seropositivas (la mayoría de los cuales no tenían SIDA, y podían haber seguido una vida normal), que fueron encerradas forzosamente en clínicas como Los Cocos, en las afueras de La Habana, teóricamente de por vida. Las cosas han mejorado algo desde entonces, pero la represión no ha desaparecido. En agosto de 1997 hubo una redada de un local gay en La Habana, donde la policía cubana detuvo a 800 clientes.

En cuanto al machismo, ni la persona menos crítica con el sistema cubano puede negar su continuada existencia en la isla. De hecho, hay que reconocer que las mujeres en Cuba siguen estando oprimidas. Se ve en las actitudes sociales y se ve en las estadísticas. Sólo para dar un ejemplo, en el liderazgo del Partido Comunista, a nivel nacional hay 17 hombres por cada mujer; a nivel municipal son 33. Una encuesta oficial encontró varias explicaciones para esta diferencia: el 85,7% pensó que se debía a los trabajos domésticos, ¡el 22,8% pensó que los directores considerarían que el trabajo doméstico y el cuidado de los niños afectarían al rendimiento de las mujeres en el trabajo!

Estos no son fallos accidentales, sino que son consecuencias de un problema fundamental en la revolución cubana: no fue una revolución socialista, de la clase trabajadora. Fue una revolución de liberación nacional, dirigida por una minoría -ilustrada, bien intencionada, sí- pero cuyo objetivo no fue una nueva sociedad controlada por la gente misma, sino que fue el desarrollo nacional económico. Esto ya lo explicó Castro en La historia me absolverá:

"Un gobierno revolucionario con el respaldo del pueblo y el respeto de la nación... procedería inmediatamente a industrializar el país... [con] ...dirección, planificación y realización por técnicos y hombres de absoluta competencia, ajenos por completo a los manejos de la política."

Pero aunque el progreso económico es una parte importante del cambio social, no es suficiente. Engels escribió que la revolución socialista -con la que se refería a una revolución de la mayoría de la clase trabajadora- era necesaria no sólo porque era la única manera de acabar con el capitalismo, sino porque era la única manera en que esta masa de trabajadores podía cambiarse a sí misma, quitándose los prejuicios y limitaciones que le han impuesto los años de vivir en una sociedad capitalista.

Es esto lo que explica por qué, en la revolución rusa de 1917, una sociedad imbuida con ideas reaccionarias sobre las mujeres y los judíos llegara a apoyar la igualdad de los sexos y a votar a Trotsky, y otros revolucionarios de origen judío, para liderar la revolución.

Ayuda a explicar también por qué las ideas reaccionarias no han desaparecido, ni están en camino de hacerlo, en Cuba. La otra parte de la explicación de lo que no va bien en Cuba nos lleva otra vez a la cuestión económica, no sólo en términos cuantitativos, sino a la base real de la economía cubana y de su relación con el resto de la economía mundial.

Una isla en un mundo capitalista

SI LA PARTICIPACIÓN activa de las masas es un factor central en una revolución socialista, otro es el internacionalismo. La internacionalización de la revolución no quiere decir que todos los países tengan que hacer una revolución el mismo día. Pero, tarde o temprano, una revolución aislada está condenada a la derrota, debido tanto a la agresión desde fuera como al hecho de que los recursos de un solo país no son suficientes para crear una sociedad nueva.

En el caso de Cuba las agresiones externas no han faltado, desde el ataque a Playa Girón en 1961, hasta el último intento de endurecer el bloqueo con la ley Helms Burton.

Sin embargo, las revoluciones no tienen que quedar aisladas; las condiciones que producen una revolución de masas no existen sólo en un país.

La revolución de 1917 produjo una ola de luchas que iba desde Rusia hasta Irlanda. Los hechos de 1968 se extendieron por todo el mundo, y el período de insurrecciones y luchas que empezó con la revuelta argelina, en 1988, y las revoluciones de Europa del Este, en 1989, sigue todavía en Indonesia.

La revolución cubana tenía, al principio, ideas de internacionalismo, sobre todo en la figura del Che. Pero después de su asesinato en Bolivia -con todas las limitaciones que estas experiencias mostraron en cuanto a cómo extender la revolución- este internacionalismo se fue perdiendo. Esto creó un problema para Cuba: cómo sobrevivir en un mundo hostil. Así que la pérdida de ambiciones internacionalistas fue acompañada por el acercamiento a la URSS.

Cuba y la URSS

Antes de la revolución, la economía cubana dependía de la de los Estados Unidos. Casi el 70% del comercio exterior era con ese país, y gran parte de la economía doméstica estaba dominada por empresas estadounidenses. El bloqueo declarado por los Estados Unidos, poco después de la revolución, les quitó casi todo este comercio. Fue este bloqueo lo que acabó arrojando a Cuba en los brazos de la URSS.
La revolución que se había planteado escapar de la situación de dependencia de un solo país -como había reclamado José Martí, el histórico líder cubano, antes de 1898-, dejó de depender de los EEUU, para pasar a depender aún más de la URSS.
Después de la entrada de Cuba en el Comecon, el bloque económico del Este, en 1972, esta dependencia aumentó. En 1985, el 83% de su comercio fue con el Comecon.
Es la naturaleza de este comercio la que ayuda a explicar, tanto los progresos importantes en la economía cubana en los 70 y principios de los 80, como la profunda crisis desde entonces.

Un elemento central fueron las colosales exportaciones cubanas de azúcar, a precios muy beneficiosos. Se puede calcular que los países del Comecon pagaron entre 1,3 y 4 mil millones de dólares al año más de lo que habrían pagado si el precio hubiera sido el que Cuba cobraba a otros países. Según un estudio cubano de 1992: "Durante la última década las relaciones con los países del CAME [Comecon] significaron ingresos superiores, en cerca del 50%, a los que se hubieran obtenido a precios del mercado mundial."

Otro factor fue que la URSS suministraba petróleo a un precio más bajo de lo que Cuba habría encontrado con otro productor. Este elemento contribuía con varios miles de millones más de dólares al año. Tan bajos eran los precios pagados por Cuba que en los 80 llegó a ser un exportador de petróleo, reexportando sus compras de la URSS.

Según un economista de la Universidad de la Habana, "la reexportación de petróleo... constituyó el componente más dinámico de las exportaciones cubanas en moneda convertible, y representó... poco más de 42% [de ingresos en moneda convertible] en 1985."

Hay que tener claro que todo esto no implica un internacionalismo benévolo por parte de los dirigentes de la URSS. Pagaron para tener un aliado fiel en la zona. Además, parte de las subvenciones debían gastarse, como observó más tarde Castro amargamente, en maquinaria del Este, no siempre de la mejor calidad.
Pero, aun así, fueron estos miles de millones de dólares los que hicieron posibles muchos de los avances sociales del período. La importancia de este hecho ha sido enorme.

Fue una de las razones por las cuales los sandinistas, que no encontraron tanta benevolencia por parte soviética, no podían emular los éxitos de Cuba (los ataques de la Contra, promovida por los EEUU, fue otra razón). Igual que los miles de guerrilleros en El Salvador, Guatemala, Colombia etc., que soñaban con conseguir para sus pueblos los avances sociales disfrutados en Cuba, estaban condenados a la decepción; aun pudiendo vencer a sus estados represivos, no iba a haber dinero para los hospitales, escuelas y guarderías necesarios.

Y, lo que toca centralmente a la situación actual de Cuba, la desaparición de la URSS y de su ayuda agudizó la crisis económica enormemente.

Crisis capitalista: respuestas capitalistas

PERO SI ESTE FACTOR es importante, no es el único; la crisis actual no empezó con la desintegración de la URSS. El Producto Interior Bruto cubano ya iba en descenso en 1986; o sea, Cuba ya estaba en recesión tres años antes de caer el muro de Berlín.

Según un economista cubano: "En el quinquenio 1986-90 disminuyó la eficiencia del proceso inversionista a nivel global. Calculando la respuesta productiva a la inversión entre los períodos 1981-85 y 1986-90, se produce una notable reducción, de 53 centavos de incremento de la producción por peso de inversión en el primer caso, a dos centavos en el período más reciente."

Si queremos entender la crisis en Cuba, la explicación fundamental la dio Marx; el capitalismo tiene una tendencia inherente hacia la crisis. Y si el capitalismo de Estado, como el de la URSS y Cuba, sobrevivió mejor que el capitalismo occidental durante la recesión mundial de 1974, fueron las economías del modelo soviético las que sufrieron más hacia finales de los 80.

Las respuestas a la crisis de los dirigentes "comunistas" o "ex comunistas" han sido las mismas que en Occidente; atacar el nivel de vida de los trabajadores. Algunos, como Thatcher, lo hicieron obviamente disfrutando; otros, como los socialdemócratas, se disculpaban mientras atacaban el estado de bienestar y echaban a millones de trabajadores a la calle. Pero el resultado es el mismo. Miremos la crisis, y las respuestas a ella dadas por los dirigentes, en Cuba.

Cuba en el mercado

Después de la desintegración de la URSS en 1991, la relación privilegiada de Cuba con aquel país, que había ido empeorando durante los años anteriores, se acabó.
La economía cubana entró en una crisis desastrosa; la producción cayó casi a la mitad en los dos o tres años siguientes.

La libreta -la cartilla de racionamiento-, que durante los 70 había suministrado a cada persona las necesidades básicas de comida, jabón, y hasta tabaco, fue progresivamente reducida, para quedar en poco más que arroz y frijoles, suficientes para dos semanas de cada mes. Lo demás se tenía que comprar en el "mercado libre". Estos mercados cobraban precios impagables para una persona con un sueldo normal, alrededor de diez dólares al mes. En 1996, un kilo de carne costaba una semana del salario medio.

Hasta un punto se han mantenido los sistemas educativo y sanitario, pero con cada vez menos recursos. Todavía hay buenos médicos para visitar gratis -algo insólito en gran parte de América latina- pero los medicamentos se tienen que pagar en dólares, la mayoría de la gente tiene muy pocos.

A la vez que el Estado de bienestar sufre estos deterioros, las condiciones de trabajo se están endureciendo. Las privatizaciones que hemos visto en Europa también tienen lugar en Cuba, aunque los nombres sean diferentes.

La primera ley de inversión extranjera data de 1982, pero ésta quedó limitada. Así que la Ley de la Inversión Extranjera del 5 de septiembre de 1995 declara que hay que "promover y ofrecer incentivos a la inversión extranjera en el territorio nacional... Es conveniente adoptar una nueva legislación que brinde mayor seguridad y garantía al inversionista extranjero".

En cuanto a los límites a los inversores privados: "Pueden ser autorizadas inversiones extranjeras en todos los sectores, con la excepción de los servicios de salud y educación a la población y las instituciones armadas, salvo en su sistema empresarial." Los trabajadores de empresas de capital extranjero están indiscutiblemente explotados -igual que cualquier trabajador-. Pero, siendo Cuba, el Partido comunista tiene un papel en mantener esta explotación, igual que en las empresas estatales.

Como dijo Castro el 10 de mayo de 1990, en su discurso de inauguración de un hotel construido en asociación con una empresa española: "El partido tiene que seguir siendo el guardián de la eficacia y de la disciplina y luchar para que el trabajo sea el mejor posible...y el sindicato estará presente en el mismo esfuerzo." A los trabajadores del hotel, les explicó: "Sus esfuerzos se multiplican en la misma medida que los beneficios de nuestros socios se multiplican. Si ellos recuperan su inversión en cuatro años, nosotros también recuperamos nuestra inversión en cuatro años... Por eso queremos que este hotel funcione al máximo rendimiento."

Además de las empresas mixtas de este tipo, Cuba ha seguido a China en la promoción de Zonas francas, zonas de producción industrial libres de impuestos, aranceles etc. Y en este cambio hacia métodos occidentales, tampoco se están olvidando las empresas estatales cubanas. En la página web del gobierno cubano, entre la información turística, se encuentra la revista cubana de negocios Opciones, que lleva las siguientes recomendaciones para el control del trabajo:
"Se mantiene, como principio, que se responde plenamente por las decisiones tomadas ante un solo jefe..." "[Hay que:] Potenciar el papel del jefe del eslabón primario de la producción...; Lograr la conciencia, en cada jefe y trabajador en general, de que, además de sus deberes funcionales, debe cumplir cualquier otra actividad que le sea asignada por su jefe...; Evaluar por los resultados y no por los esfuerzos. Toda estimulación debe ir vinculada a un resultado real, que contribuya a elevar la eficiencia de la empresa..." etc. etc.

En resumen, Cuba está encaminada hacia la repetición, a marchas forzadas, de todos los métodos de producción de occidente. Hay que aclarar que no es nuevo que se explote a los trabajadores cubanos; lo que es nuevo es que ahora esta explotación esté tan obviamente ligada al mercado mundial. Antes, los sistemas de pago por trabajo a destajo, de pluses etc. se justificaban en nombre del socialismo. Ahora se utiliza aún esta excusa, pero es más transparente que antes.

La verdad es que con estos cambios, tanto en el trabajo como en los servicios sociales, la única diferencia que quedará entre "Cuba socialista" y los países de América Central es que en éstos, los trabajadores tienen sindicatos para defenderse -no sin problemas, por cierto- mientras que en Cuba el sindicato es realmente parte del Estado.

El socialismo en Cuba

Cuba no es la última esperanza del socialismo; es la última esperanza de una solución nacional a manos de una minoría ilustrada, un "gobierno con el respeto de la nación". Muestra que la buena voluntad no es suficiente. No hay soluciones nacionales, la solución no son las reformas desde arriba, por muy bien intencionados que sean los dirigentes.

Y todo lo dicho no niega que fueron, en general, bien intencionados. Castro no es un Ceausescu, ni mucho menos un Pinochet, como pretendía decir un sector de los exiliados de Miami. Castro era un reformador que realmente quería mejorar las cosas para el pueblo cubano. La mayoría de tales reformistas pudieron conseguir sólo una fracción de lo que querían durante los años del boom, y ahora ni eso. Castro sí consiguió gran parte de lo que buscaba.

Desafortunadamente, las mejoras materiales, como hemos visto, sólo eran posibles en base a la alianza con una fuerza imperialista, la URSS. Pero más importante, estas mejoras no trajeron una nueva sociedad, igual que Suecia tampoco dejó de ser capitalista, por muy desarrollado que fuera su estado de bienestar.

En ambos casos, las mejoras fueron fruto de una situación favorable, pero temporal, dentro de un mundo capitalista. Durante un tiempo fue posible engañarse que habían escapado de este sistema, pero tarde o temprano su lógica, todo por la acumulación, iba a expresarse. Así que el machismo, la homofobia y la falta de democracia no son fallos inexplicables de un país socialista, sino elementos inevitables de una sociedad capitalista.

Una Cuba socialista no es una realidad presente que sólo hay que admirar, ni un pasado fracasado para lamentar, sino que es un posible futuro que sólo vendrá de las luchas por parte de la masa de trabajadores, contra el sistema actual.
En esta situación, no se puede seguir repitiendo frases que se han mostrado vacías.

Hay que seguir defendiendo a Cuba contra el bloqueo estadounidense, hasta que éste se acabe, y esto independientemente a los compromisos que los dirigentes cubanos hagan con el mercado mundial.

Pero la división central en Cuba no es entre Castro y Clinton, sino entre, por un lado, los dirigentes -del estado, de las empresas públicas, de las empresas mixtas, da igual-, y por otro, los trabajadores y campesinos pobres.

No sabemos cuándo se abrirá el conflicto entre estos grupos sociales, y seguro que al principio habrá mucha confusión política. Pero para cada persona antiimperialista y de izquierdas, la cuestión se planteará: ¿estás con el Estado que trae recortes sociales, desigualdad y opresión, o con los trabajadores que pueden crear una nueva sociedad, un nuevo mundo?