dimecres, 1 de maig de 1996

No a los controles de inmigración

Este artículo apareció por primer vez en Socialismo Internacional No 12, mayo/junio 1996

Por David Karvala y Paty Gómez

Con el fortalecimiento de la Unión Europea, los impedimentos contra los que quieren venir a vivir y a trabajar a Europa se ponen cada vez más férreos. ¿Por qué los socialistas revolucionarios nos oponemos a todos los controles de inmigración?

Uno de los aspectos más importantes de los "acuerdos de libre movimiento en la U.E." es el obstaculizar la llegada y la estancia de inmigrantes en los países de la U.E., haciéndoles cada vez más difícil el poder llevar una vida digna aquí.

El reciente informe de SOS Racismo, El racismo en el Estado español en 1995, da muchos datos sobre los efectos que la gente inmigrada en el Estado español ha sufrido a causa de la aplicación de la ley de extranjería y del trato derivado de ella.

Los políticos y la prensa presentan a la inmigración como un `peligro para la civilización occidental', como una `bomba de relojería'. El Gobierno del PSOE con la introducción de la ley de extranjería redujo los derechos de los inmigrantes, si cabe, aún más.

¿Cuál es la situación real de la inmigración y del asilo político?

El mito del 'diluvio'

El primer mito, muy extendido, es que hay muchos inmigrantes en el Estado español, que `nos inundan'. De hecho, el Estado español es de los países europeos con menos inmigrantes, y de los que acogen menos refugiados. Hasta hace poco, fue un país del que la gente huía, bien para buscar trabajo o para escapar de la represión.

Se calcula que hay aproximadamente 400.000 inmigrantes en el Estado español. Esta cifra supone que alrededor del 1% de la población es extranjera. Pero la mitad de ésta no preocupa a los políticos en cuanto a como se establecen, debido a que son de otros países de la U.E.. De hecho, el número de personas no provenientes de Europa que ha logrado venir a vivir a este país es muy reducido; por ejemplo, la cantidad de personas de Marruecos en todo el Estado español es de 50.000. (Fuente: El País: 16/3/94.)
Esto no quiere decir que si las cifras fueran más altas constituirían un problema. Es sólo mostrar que, utilizando sus propios términos, los que dicen que hay un problema de inmigración distan mucho de la realidad.

En lo que se refiere al asilo político y a los refugiados, la verdad es aún más reveladora. Según un informe de ACNUR (Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados) de 1994, el país con más refugiados fue Irán, con 4 millones, seguido por Paquistán y Malawi con 1,6 y 1,1 millones respectivamente. ¡El estado español tenía tan sólo 9.700 refugiados!. Estos datos no se pueden comparar con lo que sucede en Suecia, un país con una población 4½ veces menor a la del estado español, que acoge a más de 320 mil refugiados, sin que por ello se produzcan incidentes.

En 1994 Izquierda Unida denunció un proyecto cuyo objetivo era facilitar (mediante `procedimiento acelerado') el rechazo de solicitudes de asilo, señalando que tan sólo el 5% de las 12.000 solicitudes anuales es aceptado por el Ministerio del Interior, y que la legislación española, en contraste con la de otros países europeos, no acepta asilo por razones humanitarias. Sin embargo, IU continuaba con el comentario de "Estamos dispuestos a evitar que por la vía del asilo se cuelen inmigrantes económicos".

Por lo visto se puede llegar a evitar que te mate el ejército, se puede incluso escapar a una persecución política, pero la muerte por inanición, por falta de recursos no entra en los supuestos a contemplar para la concesión de asilo.

Esta opinión es bastante típica en la izquierda: la aceptación de refugiados, en sí positiva, no se extiende a la inmigración económica, la cual es vista como un problema a controlar.

Los socialistas revolucionarios, en cambio, tomamos la posición de oponernos a todo control de inmigración. ¿Por qué?

En contra de todos los controles

Cualquier control de inmigración crea la impresión generalizada de que el problema es la gente, sea africana o de América Latina, mientras que de hecho el problema es el sistema internacional que recorta nuestro estado de bienestar, seamos de donde seamos y, que aún trata peor a algunos con el objetivo de dividirnos y debilitarnos como clase trabajadora.

Pero, ¿es realista oponerse a todo control de inmigración?

Algunos dicen que el Estado español es un país pobre, y que no puede aceptar el acceso de mucha gente. Como hemos visto, otros países mucho más pobres tienen inclusos millones de refugiados. En la OCDE, el club de países ricos, el Estado español es el número 8.

No hay ningún problema de superpoblación en Europa, al contrario; los líderes europeos están preocupados porque su población está decreciendo. Por lo que se puede deducir que la oposición a la inmigración es tan sólo una cuestión de racismo.

También existe la idea de que `todos vendrían'. De hecho, la inmigración depende de la situación económica en el lugar de origen; la mayoría de la gente prefiere quedarse en un sitio que conocen, tan sólo se traslada a otro país o continente si se siente impulsada por la precariedad de las condiciones de vida que tiene que soportar.

Las quejas contra la inmigración por parte de los poderes fácticos son hipócritas, como muestra claramente la nueva ley contra `inmigrantes ilegales' de los EE.UU., la cual priva de las áreas de sanidad y educación a estos. Las medidas en principio eran aun más fuertes, pero fueron suavizadas por los congresistas más conservadores, quienes, en el último momento, aceptaron los argumentos de que una drástica reducción del número de inmigrantes causaría un grave daño a la economía norteamericana.

Los empresarios no están en contra de que venga gente, lo que quieren es que esta gente se sienta débil, y sea fácil de explotar. La inmigración es una fuente de trabajadores más baratos y sin derechos, aun más cuando se produce al margen de la ley.

Un ejemplo claro de lo anterior es el caso de los talleres chinos; la prensa denuncia el tratamiento recibido por los trabajadores explotados, informa del procesamiento al jefe y, acto seguido menciona que los trabajadores han sido deportados. Si los obreros tuvieran una cobertura legal en cuanto a la legalización de su situación, con la consecuente cobertura socio-política, serían ellos mismos quienes podrían denunciar a estos jefes, acabando con este tipo de explotación.

El movimiento libre del capital es un hecho, y no tan sólo dentro de la U.E.. Pero cuando los trabajadores queremos ir a buscar trabajo allí donde se lo han llevado, nos lo impiden. No tenemos ningún interés en ayudar a nuestros líderes a jugar así con las vidas de millones de personas en todo el mundo y, el hecho de apoyar los controles de inmigración es hacer su juego.

No es sólo un deber humano el hecho de defender los derechos de los inmigrantes, sino que también esta acción revierte en nuestro interés cuanto a unirnos todos los trabajadores, de donde sea que seamos, para luchar por nuestros intereses comunes, y en contra del sistema que nos utiliza y maltrata a todos en mayor o menor medida.

Más allá, está la cuestión de crear un mundo en el que la gente sea libre de viajar cuando y donde quiera, pero a la vez un mundo en el que se pueda vivir y trabajar en el lugar de origen, si se quiere, sin tener que enfrentarse a la forzosa inmigración en la incesante búsqueda de los medios básicos de subsistencia para la familia.