dimecres, 15 de juliol de 2015

Grecia: ¡OXI significa No!


Este texto es una versión en castellano de una nota publicada en la página de Facebook de En lluita.También es la continuación del análisis en este artículo.

El pasado 5 de julio, el pueblo de Grecia respondió a las exigencias de la troika con un magnífico voto del 61,3% para el OXI, el no. El análisis posterior demuestra que el rechazo procedía sobre todo de la gente trabajadora o pobre, y de gente joven. También es notable que la mayoría por el "No" fue aún mayor entre las mujeres que entre los hombres: una buena respuesta al intento explícito del partido conservador de provocar el miedo entre las votantes femeninas.

Se suponía que el No a la austeridad quedaba claro, pero el gobierno de Syriza no esperó nada antes de preparar una nueva propuesta de "rescate", con nuevos recortes. Supuso una traición al voto popular. Es muy triste que una parte importante de los y las diputadas de la Plataforma de izquierda de Syriza votasen en el parlamento a favor de la propuesta (sólo dos votaron en contra). Pero los dirigentes europeos querían más: exigieron una rendición total por parte del gobierno griego, con aún más ataques a las condiciones de vida de la población. Al final de una cumbre que se ha descrito como "una sesión de tortura", Alex Tsipras cedió ante estas demandas.


Se confirman varias cosas. Primero, que la famosa "Europa social", la de los derechos humanos, es un mito, una farsa. La troika -formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI) - no actúa bajo mandato popular, pero exige que se deje sin efecto el voto democrático de millones de personas.

Segundo, que la "solución" consiste en aún más deuda. Unos 50 mil millones de Euros pasarán de unos bancos europeos a otros, y la factura se presentará de nuevo a la población de Grecia. La deuda griega no es legítima -gran parte de ella se contrató para salvar a los bancos, no a la gente- y no le toca al pueblo de Grecia pagarla. En lugar de pagar los intereses sobre la deuda (porque es imposible pagar la deuda como tal), se deberían destinar el dinero a fines sociales.

Tercero, deja en evidencia las promesas de la "nueva política"; se revela que ésta no es más que un reformismo de izquierdas. La característica de todo reformismo es que busca mejoras dentro del sistema, sin nunca ni tan siquiera plantearse romper con éste. Cuando tiene que escoger, el reformismo siempre pone los intereses del capitalismo por encima de los de la mayoría de la población. En este caso, Syriza no tenía que derribar el capitalismo, sólo -al menos en primer lugar- negarse a aceptar el chantaje de la UE, y no lo ha hecho. En cambio la coalición anticapitalista, Antarsya —donde participa SEK, el grupo hermano en Grecia de En lucha— tiene poca presencia institucional pero juega un papel clave en las luchas sociales; ahora mismo está haciendo todo lo posible para impulsar la lucha contra las políticas impuestas por la troika. En el Estado español, donde Podemos se identifica con Syriza, la nueva lección de Grecia da que pensar.

En cuarto lugar, se vuelve a confirmar que realmente sólo podremos resolver nuestros problemas mediante la lucha social. La noticia positiva de esta grave situación es que el importante sindicato griego, ADEDY, ha convocado una huelga general en el sector público, el miércoles 15 de julio. Ese día también habrá concentraciones en solidaridad con el pueblo griego y contra el chantaje de la troika, en ciudades de toda Europa, y quizás más allá.

Se espera que estas acciones sean lo más unitarias posible, incluyendo a gente que se siente comprensiva con las decisiones de Tsipras: la denuncia va principalmente contra las intromisiones y agresiones de la troika, no contra él. Pero dentro de la izquierda y los movimientos sociales, tendremos que reflexionar seriamente respecto a cuáles estrategias y qué izquierda necesitamos. Estrategias y organizaciones que se basan en el supuesto de que el 1% más rico del mundo, y sus representantes políticos, actuarán según unos principios de democracia y justicia social, están destinadas al fracaso. Necesitamos estrategias y organizaciones que parten de la realidad de una oposición total de intereses entre la minoría que manda ahora y el resto de nosotros. Y este conflicto no se resolverá con negociaciones sino mediante la lucha social.