dimarts, 15 d’abril de 2014

Los fascistas con traje, ¿realmente son fascistas?

Escribí la primera versión de este texto hace casi un año. Por diferentes motivos —sobre todo por la falta de tiempo— desde entonces está en la nevera. Durante este tiempo, bastantes cosas han cambiado y no he intentado dar cuenta de todas ellas. Sin embargo, el eje central del texto sigue siendo relevante: la importancia de identificar correctamente las organizaciones fascistas. Por eso, finalmente he decidido publicarlo tal cual, con alguna nota añadida donde me ha parecido esencial. Debo agradecer los comentarios de Joel Sans y Luke Stobart respecto a la primera versión; incluí algunas de sus sugerencias, otras no, así que no tienen responsabilidad alguna por el resultado final... Agradecería más comentarios, observaciones, matices…; se pueden añadir al final.

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Cuando se plantea la lucha unitaria contra el fascismo, es muy típico oír cosas como “contra el fascismo, sí, incluyendo el fascismo institucional”. En la misma línea, bastantes activistas de la izquierda radical se oponen a la estrategia del antifascismo amplio y unitario, debido a que la misma no excluye a los partidos de la izquierda institucional; argumentan que “el PSOE también es fascista”. En otros textos he respondido a este tipo de argumento [Ver Karvala, 2010b]. Muy brevemente, con esta visión se trivializa lo que representa el fascismo. Durante la subida al poder de Hitler en los años 30, el Partido Comunista Alemán argumentó que el partido socialdemócrata era fascista (o “social fascista”), con lo cual no podía luchar a su lado contra los nazis; de hecho, según esta visión, antes de Hitler, ya vivían bajo un régimen fascista (“el fascismo institucional”). Con la llegada al poder de los nazis, y la entrada en los campos de concentración tanto de los comunistas como de los socialdemócratas, aprendieron que Hitler era mucho más terrible que el peor gobierno socialdemócrata imaginable, pero ya fue demasiado tarde. Dar por hecho el “fascismo institucional” implica repetir su trágico error.

Aquí quiero tratar otro argumento relacionado, aunque a la inversa. Lejos de decir que casi todo es fascismo, muchos académicos estudiando la extrema derecha mantienen que ni tan siquiera son fascistas partidos como el Frente Nacional (FN) en Francia, o su versión bonsái en Catalunya —[entonces] liderado por el mini-yo de Le Pen, Josep Anglada— “Plataforma per Catalunya” (PxC).