dijous, 1 d’abril de 2004

Kosovo: La ONU y la limpieza étnica

Artículo aparecido en En lucha, No 94, Abril de 2004

Hasta la fecha, 28 personas —la mayoría de ellas serbios— han muerto en un nuevo brote de limpieza étnica en Kosovo. Un millar están heridos, y miles de personas —serbios y gitanos— han perdido sus casas. Durante los años 90, incidentes parecidos se utilizaron para justificar las sucesivas intervenciones militares en la región. Pero Kosovo lleva 5 años bajo la protección de la ONU. ¿Cómo, entonces, es posible que ocurran tales atrocidades?

El detonante inmediato de los recientes ataques contra la población serbia de Kosovo ha sido la muerte, en circunstancias todavía sin aclarar, de unos jóvenes albanokosovares, presuntamente como resultado de una persecución por parte de un grupo de serbios.

Pero está claro que las causas reales son mucho más profundas.

Mucho antes de las intervenciones militares, Occidente llegó a Yugoslavia bajo la forma de préstamos del FMI y de otras agencias. En los años 80, el cobro de intereses a cargo de la enorme deuda externa significó ataques directos al nivel de vida de la población trabajadora.

Esto produjo una ola de luchas, donde trabajadores de origen serbio, croata o bosnio se unieron. La respuesta de Milosevic fue promover el odio nacionalista. Los poderes occidentales siguieron cobrando y respaldando a Milosevic.

Más tarde, cambiaron sus tácticas y respaldaron el desmembramiento del Estado yugoslavo, a manos de dirigentes como el neonazi croata, Tudjman. Las sucesivas guerras en los Balcanes de este período no se pueden entender como “intervenciones humanitarias” sino, únicamente, como reflejo de los intereses de Alemania, Gran Bretaña y, sobre todo, de Estados Unidos: este último utilizando el conflicto para fortalecer su posición en la era pos guerra fría.

La guerra de Kosovo fue la última de estas intervenciones, inicialmente llevada a cabo por la OTAN, y más tarde bendecida por la ONU, que hasta hoy tiene unas 20.000 tropas en la pequeña provincia. Decir que “todavía no han logrado superar el odio nacional” sería imaginar que ésa fuese su tarea.

Un albanokosovar nacionalista ya dijo durante la guerra: “Si la OTAN deja a los serbios sin tanques ni cañones, nosotros nos ocuparemos de dejar Kosovo sin serbios.” Efectivamente, ni la OTAN ni la ONU se plantearon solucionar las causas del odio; sólo lo exacerbaron.

Las recientes muertes y expulsiones masivas demuestran que no podemos esperar soluciones de los que producen el problema. Los que abogan por una intervención de la ONU en Irak deberían mirar bien las imágenes de Kosovo.