dimecres, 1 de novembre de 2000

7 mitos del racismo

Artículo aparecido en En lucha, No 56, noviembre de 2000

¿Existen las razas?
¿Los españoles somos diferentes a los inmigrantes?
¿Hay mucha inmigración?
¿Más inmigración produce más racismo?
"Los inmigrantes no asimilan la cultura"
¿España no puede permitirse el coste de la inmigración?
¿La inmigración causa el desempleo?
¿Quién es el enemigo?

¿Existen las razas?


Tal vez sorprenda, pero por mucho que se hable de la "raza negra" y la "raza blanca", y de unas cuantas más, realmente las razas no existen.

Los nazis —pero no sólo ellos— hablaron de razas superiores e inferiores. Hoy en día, se da a todo esto un tinte científico al hablar de las "diferencias genéticas" entre los unos y los otros. Sin embargo, esta "ciencia" es falsa.

Hay más diferencia genética entre dos hombres blancos, uno alto y otro bajo, que entre un hombre negro y otro blanco, de la misma altura. Hay 6 genes, entre los 100.000 genes que hay en cada célula humana, que tienen que ver con el color de la piel. Hay docenas de genes, en cambio, que afectan a la altura. (Hay que tener claro que los genes no determinan estos factores; los seres humanos somos el producto de una combinación de factores medioambientales, genéticos, etc.)

Pero a nadie se le ocurre hablar de la "raza alta" y la "raza baja"; tampoco hay razón para hacerlo. Pero hay aún menos razón para hablar de la raza blanca y la raza negra.

Los criadores de perros han trabajado durante años para crear razas distintas, hasta llegar a parear hermanos, para evitar mezclar genes diferentes. Pero nadie ha criado y dividido a la humanidad de esta manera. O sea, si alguien quiere ser de "raza pura", tendrá que conformarse con ser un perro.

Toda la idea de raza es un mito. El racismo, tristemente, sí que es real. Pero las ideas racistas se basan en una mentira, y todo antirracista debe saber que el racismo no tiene más base científica que la teoría de que la tierra es plana.

¿Los españoles somos diferentes a los inmigrantes?


Todos los seres humanos provenimos de un origen común, éste está en África, hace unos 100.000 años. Desde entonces, no hemos dejado de movernos por la tierra.

Lo que ahora es la población ibérica es producto de una llegada tras otra de diferentes grupos de personas. Estos incluyen, tan sólo en los últimos 2000 años, a los íberos, los celtas, los romanos, los visigodos, los vándalos, los árabes, hasta llegar a la reconquista de los Reyes católicos.

Muchas de las diferentes regiones y naciones, que ahora componen el Estado español, tienen sus propias y sangrientas historias de colonización. En el s.XIII, la población de las Baleares sufrió una masacre a manos de Jaume I, y las Islas fueron colonizadas desde Catalunya. La población indígena de las Canarias fue eliminada entre los s.XIV y XV. Con la reconquista, València fue colonizada desde Catalunya y Castilla; y Andalucía, desde Castilla, Galicia e incluso desde los Países Bajos.

El otro lado del mismo argumento es ver hasta dónde ha ido gente de la península. En el s.II y s.III, los cristianos salieron de lo que ahora es el Estado español, huyendo de la represión romana. Sólo después de 1492, salieron (entre huidos y expulsados) 150.000 judíos y 300.000 musulmanes españoles, para escapar de la inquisición católica. Estas salidas, entre ellas las de muchos diestros artesanos, tuvieron efectos muy dañinos en la economía de la península.

Luego vino la época del imperio de España, en la cual millones de "españoles" fueron a colonizar América Latina, las Filipinas y el norte de África.

De este breve repaso histórico dos cosas nos quedan claras. Primero, la población actual de la península no tiene nada de pura. Segundo, gran parte de las poblaciones a las que se refieren como "extranjeras", tienen parte de sus raíces en la península.

Nietos

Sólo para dar un ejemplo, los cientos de miles de musulmanes expulsados de sus casas por los Reyes católicos fueron a lo que ahora es Marruecos, lo que representó una gran proporción de su población en ese momento. Los niños magrebíes que malviven en las calles de Barcelona y Madrid son bis-bis-bis... nietos de españoles.

Para que un inmigrante fuese "foráneo" de verdad, tendría que proceder de Marte; los demás son, de una forma u otra, familia.

¿Hay mucha inmigración?


Una de las mentiras que se ha trabajado muchísimo en los últimos, años es que hay muchos inmigrantes en el Estado español. Por supuesto, toda la población de la península viene de fuera originalmente.

Pero el PP no se refiere a una definición mediante la cual ellos también serían inmigrantes. La preocupación por los inmigrantes, entonces, se limita a los que lo son sólo desde hace unos pocos años o décadas.

Si nos basamos en esta última definición nos encontramos con que hay poquísima gente extranjera en el Estado español; unas 800.000 personas, alrededor del 2% de la población.

En Francia la cifra es del 6,3%, y en Alemania del 8,9%, mientras que en Suiza 19,3% son extranjeros. Los racistas en este país pretendían limitar la presencia de inmigrantes a un 18%, una propuesta que fue rechazada en referéndum.

O sea, en el Estado español, el PP quiere asustarnos con una presencia de inmigrantes que es 9 veces menor a la que los racistas en Suiza pensaban era razonable.

En cuanto a las "avalanchas" de inmigrantes cruzando el Estrecho, ¿cuándo oiremos hablar de las avalanchas de jubilados del norte de Europa que llegan en aviones para comprar casas en la costa? ¿Cuándo se planteará la cuestión de cuántos ingleses o alemanes puede aceptar el Estado español?

Estas preguntas son iguales de carentes de sentido que las referentes a la gente que cruza el Estrecho. No es que vengan muchos. El problema es que los que vienen tienen que jugarse la vida en pateras, en vez de poder viajar dignamente en aviones o barcos, como cualquier otra persona que venga visitar, trabajar o vivir en el Estado español.

¿Más inmigración produce más racismo?


Uno de los argumentos del PP para justificar el endurecimiento de la Ley de Extranjería, y que es aceptado por mucha gente, es que si hay más inmigrantes, habrá más racismo. Los hechos demuestran que esto es mentira.

Un buen ejemplo, en un sentido negativo, es el antisemitismo en Polonia. La gente judía, antes del Holocausto, era un 10% de la población polaca. Ahora, sólo son un 0,1%. Sin embargo, el antisemitismo es terrible. Esto es producto de la crisis de los últimos años. Los políticos utilizan a los judíos como chivos expiatorios para justificar el fracaso de su sistema. No dejan que el hecho, de que sólo hay unas decenas de miles de judíos en todo el país pueda afectar sus argumentos en absoluto.

Un estudio reciente en el Estado español demostró que el 30% de los jóvenes pensaban que "la inmigración representaba una amenaza para la raza": lo que representa una cifra preocupante. Sin embargo, resulta que hace 5 años, cuando había aproximadamente 40% menos extranjeros en el Estado español, un 55% aceptaba la idea de que la inmigración era una "amenaza". O sea; el crecimiento de la inmigración, y el mayor conocimiento de la gente de otros países, ha dado como resultado menos prejuicios, no más.

"Los inmigrantes no asimilan la cultura"


En un artículo reciente de Jordi Pujol, se podía leer: "los inmigrantes deberían conocer... su deber de adaptación a la sociedad que les acoge". Habla del "derecho del país que acoge [a los inmigrantes] y de sus ciudadanos a mantener su identidad".

Este argumento se puede oír, en formas diferentes, desde casi todas partes, desde el españolismo más rancio, hasta algunos sectores del independentismo radical de izquierdas.

De antemano, se debería distinguir entre la defensa de la identidad nacional que hacen los nacionalismos que sufrieron la opresión brutal del franquismo, y cuyas lenguas siguen siendo marginadas en el Estado español, y la defensa del españolismo, que más bien quiere mantener esta opresión, ahora extendiéndola a los inmigrantes.

Pero en todos los casos, hay un fallo en el argumento. ¿Cuál es la "identidad" que se quiere mantener? ¿Incluye la monarquía, los toros, sardanas, pan con tomate, deportes vascos, la txalaparta, etc?
Obviamente ningún ciudadano español observa todas estas "tradiciones". ¿Con qué derecho, entonces, se puede criticar a un inmigrante por no hacerlo?

Pero incluso tan sólo refiriéndonos, por ejemplo, a Catalunya, los problemas subsisten. Todo el mundo reconoce algunas características conocidas como catalanas; aparte de las mencionadas arriba, se podría hablar de castells, del caganer y del caga tió, tal vez de la virgen de Montserrat, y de unas cuantas tradiciones más. Pero no es por casualidad, que la mayoría de estos factores son "culturales" casi con un sentido folclórico. La cultura viva de la gente no se limita, ni de lejos, a estas características.

Cultura real

Es más, la cultura de la experiencia cotidiana no se divide en simples categorías nacionales. Primero, hay diferencias obvias entre la vida en un pueblo en los Pirineos, y la vida en un barrio de Barcelona. Segundo, y más importante aún, la vida y cultura de un jefe, de la Banca Catalana o de la Caixa, difieren muchísimo de la de un trabajador al que ellos exploten, por muy catalán que este trabajador sea.

La cultura real de los trabajadores de Catalunya incluye la huelga general de 1917; las milicias antifascistas de 1936; la huelga de los tranvías de 1951; el millón de personas, con banderas rojas al lado de las catalanas, en la manifestación del 11 de septiembre de 1977, coreando juntos "Llibertat, amnistia, Estatut d'autonomia"... Si pensamos en las luchas emprendidas por cada vez más trabajadores inmigrantes -la huelga en El Ejido fue el mejor ejemplo, con una organización magnífica en asambleas de base, piquetes y todo- veremos que un trabajador magrebí tiene mucho más en común, en su cultura vivida, con un trabajador barcelonés, de lo que ninguno de los dos tiene con un jefe magrebí o catalán.

Los trabajadores "autóctonos" y los inmigrantes tenemos que hacer hincapié en estos puntos en común, antes de dejarnos dividir en base a "culturas nacionales".

Para comunicarnos, necesitamos idiomas en común, pero nadie puede imponer que este idioma sea castellano, catalán, euskara, gallego ni árabe.

Vecinos

Si hay solidaridad, muchos trabajadores inmigrados aprenderán los idiomas del país donde vivan, y ya hay unos pocos trabajadores españoles que estudian árabe para poder hablar mejor con sus vecinos.

Debemos respetar mútuamente nuestras diferentes lenguas y culturas, pero el objetivo es convivir y comunicarnos: tenemos que rechazar cualquier intento racista de utilizar "la cultura" como excusa para excluir a los inmigrantes.

¿España no puede permitirse el coste de la inmigración?


"Por supuesto nos gustaría ayudar a la gente, pero nos faltan recursos, así que tienen que irse a otra parte." Este tipo de argumento, bastante frecuente, es falso e hipócrita. Como muchos de los argumentos racistas, se aprovecha de algunos temores de la gente corriente, pero a la vez está lleno de contradicciones.

El PP no ha abandonado su lema "España va bien", pero en cuanto hay que buscar recursos para fines sociales, de repente no hay dinero; esto pasa con los salarios, con la salud y enseñanza públicas y con miles de cosas más, incluyendo la acogida de inmigrantes. Cualquiera que acepte este argumento con respecto a la inmigración, se encontrará sin respuesta cuando lo que "se tiene" que ahorrar es su salario, o cuando "no hay recursos" para responder a la subida el gasóleo.

Tal vez sorprenderá que el Estado español es el décimo país más rico de los 210 países del mundo. La verdad es que "España va bien" para los ricos, y para el PP. Ellos han recortado tanto, privatizado tanto y cobrado tanto en impuestos a los trabajadores (IVA, impuesto sobre carburantes...), que los presupuestos del Estado ya no tienen déficit.

Debemos demandar que este dinero se gaste en fines sociales, de todo tipo. Ahora, según El País, "España destina a la protección social un 20% del PIB [el producto interior bruto total del país] menos que la media de la Unión Europea".

Pero hay otro fallo enorme en este argumento. Con el trato actual a la inmigración, lejos de costar dinero, ésta produce beneficios económicos para el Estado español.

Un estudio universitario descubrió que, sólo en Catalunya, la diferencia entre los beneficios aportados por los inmigrantes y los costes públicos que generan, supone un beneficio neto de 73.000 millones de pesetas anuales a la economía. La cifra para todo el Estado sería mucho mayor. Este beneficio viene del hecho de que, los trabajadores inmigrantes llegan ya crecidos y formados, listos para trabajar, y cotizan a la Seguridad Social mucho más de lo que llegan a cobrar en prestaciones.

Ricos

En efecto, están subvencionando las pensiones de los jubilados "autóctonos". Es bastante fácil que los racistas engañen a los que carecen de servicios sociales, y que les hagan pensar que los inmigrantes les quitan recursos. Hay que enfatizar que los pobres "españoles" lo son, no debido a los inmigrantes, muchos de ellos también son pobres, sino debido a los pocos ricos, casi todos ellos españoles, como los Villalonga, los Bofill, etc. Es a ellos a los que no nos podemos permitir el lujo de mantener.

¿La inmigración causa el desempleo?


El desempleo ha sido una amenaza para todos los trabajadores del Estado español, y una realidad para varios millones de ellos, durante más de una década. Se entiende, entonces, por qué el mito, de que la inmigración causa el desempleo, estan efectivo para fomentar los prejuicios hacia los inmigrantes entre muchos trabajadores.

Pero sólo con mirar las cifras de inmigración y de desempleo se ve que esta idea es mentira.

En 1994, hubo 460.000 extranjeros en el Estado español, mientras había 2.769.474 personas en paro. En el año 2000, como ya se ha mencionado, la cantidad de extranjeros ha aumentado a unas 800.000 personas, mientras que el paro ha bajado a 1.501.442 personas (última cifra disponible, de septiembre del 2000. Todas estas cifras son de fuentes oficiales. Es de suponer que subestiman la tasa de paro, pero la tendencia queda clara).

La evidencia es sencilla. Los que siguen defendiendo las tesis racistas, acerca de que la inmigración causa el desempleo, tal vez querrán responder que la cosa es más compleja, que hay otros factores a tener en cuenta, etc. La verdad es que el único factor de peso aquí es precisamente el racismo. No hay ningún argumento, en base al empleo, para excluir a extranjeros del país.

Pongamos unos ejemplos más para que la cosa quede clara. En El Ejido, que sí tiene una población importante de trabajadores inmigrantes, la tasa de paro es menor al 2%, en comparación con la tasa en Andalucía que es del 12,9%. Según una encuesta de el Periódico de Catalunya, a la pregunta "¿Aceptarías los trabajos que hace la mayoría de inmigrantes africanos?", un 53% dijo que no, frente a un 30% que dijo que sí. O sea, la triste realidad es que, lejos de ocupar los trabajos de los "autóctonos", muchos inmigrantes desempeñan trabajos que, a no ser por ellos, quedarían sin cubrir.

Despedir

Para encontrar la verdad sobre la cuestión del paro, debemos considerar el caso de la fusión de Endesa e Iberdrola, impulsada por Martín Villa, Presidente de Endesa y antiguo ministro franquista. Se proponen despedir a 4000 trabajadores. Según nuestra información, no hay ningún inmigrante magrebí en la junta directiva de las dos empresas, pero sí muchos jefes "españoles". Debe quedar claro, para cualquiera que lo quiera ver, quién causa el desempleo.

¿Quién es el enemigo?


Hay muchos más mitos referentes al racismo, y no hay espacio en un solo artículo para desmentirlos todos. Pero debe quedar claro con estos ejemplos que se trata precisamente de mitos.

Hay dos aspectos que se ven en muchos de estos mitos, y que se deben destacar.

Primero que hay fundamentos para las preocupaciones de la gente, en cuanto al empleo, a las condiciones sociales, a la seguridad en sus barrios etc. No hay suficiente con simplemente decir, "todo va bien, no se preocupen". Si una persona está sin trabajo o sin casa, y nadie le ofrece una salida real a esta situación, será presa fácil de cualquier solución falsa, o bien basada en el racismo, o bien basada en culpar a las mujeres trabajadoras por el desempleo masculino etc. Gritos por la tolerancia, aunque bienintencionadas, en sí no son suficientes; hay que tratar los problemas reales.

Esto nos lleva al otro aspecto que aparece, una vez tras otra, cuando se estudia la cuestión del racismo. El que sí hay una minoría foránea, que nos roba, que nos quita el trabajo, que empeora nuestras condiciones de vida: ésta son los ricos, para ser más exactos, la burguesía. Ella, por definición, vive del trabajo de los demás, de nosotros. El sistema preserva sus intereses. Son sus intereses los que dictan que es mejor gastar dinero en armas que en hospitales, que es mejor construir vallas contra los inmigrantes, que construir casas para la gente.

Si queremos solucionar nuestros problemas, tendremos que enfrentarnos a ellos y a su sistema. Para hacer esto, tenemos que unirnos. Igual que una huelga necesita la unidad de todos los trabajadores en la fábrica o en la oficina, para tener éxito, una lucha más amplia necesita la unidad de todos los trabajadores en la sociedad, ya sean "autóctonos" o inmigrantes. Es precisamente para minar esta unidad que los jefes dedican tanto esfuerzo a fomentar el racismo.

En una situación de crisis, habrá cada vez más gente desesperada, y más abierta a las mentiras de los racistas. Los antirracistas tendremos que estar cada vez más claros, y ser cada vez más duros, contra todos y cada uno de los argumentos racistas. Si aceptásemos que tal vez hacen falta más controles de inmigración, o que tal vez con menos inmigrantes habría menos desempleo, estaríamos haciendole el juego al racismo, y a los jefes.

Jefes

Tenemos que ser solidarios con cada persona que sufre los efectos de este sistema, pero no les hacemos ningún favor si dejamos de señalar a los verdaderos culpables de este sufrimiento: a Aznar y al PP; a los jefes de Repsol,de Iberdrola, etc.

Al final, la lucha contra el racismo no es sólo una cuestión de solidaridad con la gente inmigrante; es una cuestión fundamental para no perder la oportunidad de acabar con este sistema que nos destroza la vida a todos.