dimecres, 1 de desembre de 1999

La OMC se reune en Seattle: ¿Libre comercio o imperialismo?

Artículo escrito justo antes de las protestas de Seattle, y publicado en En Lucha Nº 46, diciembre de 1999.



El 30 de noviembre, los dirigentes del mundo estaban citados en Seattle, EEUU, para avanzar en las negociaciones acerca del libre comercio de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

A la vez, se había convocado una serie de protestas, tanto en Seattle como en otras partes del mundo, contra estas discusiones.

¿Por qué nos debería preocupar la OMC?

Primero, porque aunque se define de organización "mundial", en realidad la OMC está dominada por cuatro poderes: los Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y Canadá. Este hecho indica, en sí mismo, lo que se puede esperar de sus decisiones.

Segundo, el proyecto de "abrir los mercados al libre comercio" realmente significa acabar con cualquier barrera que pueda ser una obstáculo para las grandes empresas en el momento de sacar beneficios en cualquier parte del mundo. Las negociaciones en Seattle se trataban sobre tres áreas: agricultura, servicios, y "propiedad intelectual".

Libre comercio en agricultura significará que cualquier intento por parte de los gobiernos de los países pobres de apoyar a los granjeros locales, por ejemplo con subvenciones, créditos o reformas agrarias, será vedado, como una barrera para las multinacionales agrícolas. El resultado será la destrucción de comunidades campesinas, y luego precios más altos, dado que cada vez más productos serán importados.

Los servicios que se tienen que abrir a "libre competencia" lo incluyen todo, desde la banca hasta el transporte, educación y sanidad. Esto es como una privatización mundial: cualquier empresa podrá denunciar a los gobiernos que mantengan, y subvencionen, servicios públicos.

Y "propiedad intelectual" no se refiere a libros o obras de arte, sino, sobre todo, a las patentes de organismos modificados genéticamente. Ahora se protegerán los derechos de las grandes empresas sobre las semillas, frutas etc., que hayan sido genéticamente modificadas. Estas modificaciones incluirán el hecho de tener que volver a comprar semillas a las mismas multinacionales, en vez de poder plantar las semillas de la cosecha anterior.

¿Por qué está pasando todo esto?

Las grandes empresas en los países ricos están desesperadas para encontrar nuevas fuentes de beneficios. Ya han logrado entrar en muchos nuevos mercados con las privatizaciones en sus propios países. Ahora quieren presionar para poder hacer lo mismo en todo el mundo.

Aunque se extiende la globalización de la economía, todavía existen los Estados nacionales que intentan controlar sus partes del planeta. La OMC representa a los jefes del mundo, pero entre ellos hay diferencias. Las propuestas que saldrán de Seattle serán diseñadas para fortalecer a los países ricos frente a los pobres, y a las grandes empresas frente a las pequeñas.

Por todo esto, es muy bien recibida la oposición que se ha creado. La lista de actos convocados en Seattle va desde charlas hasta acción directa no-violenta y manifestaciones masivas. Los convocantes incluyen ONGs de América Latina, grupos medioambientales, e incluso los sindicatos mayoritarios estadounidenses.

Es una buena muestra de que se está creando más conciencia alrededor de temas como el desarrollo mundial, así como la conexión entre la situación de los trabajadores en las ciudades industriales del norte y la de los campesinos del sur.

Precisamente los que perderán más con el proyecto de la OMC son los trabajadores y campesinos. Los dirigentes de cada país, tengan o no quejas del proceso, al final tienen mucho más interés en defender el sistema mundial existente que en cuestionarlo, o cambiarlo, de la manera que realmente hace falta.

Así que la alternativa a la OMC y a su "libre comercio" no es un "Estado proteccionista" —ya sabemos que en realidad el Estado capitalista sólo protege a los ricos— sino la solidaridad que se puede crear entre los que luchan contra el sistema, y sobre todo entre los trabajadores, de los Estados Unidos, de América Latina, y/o del resto del mundo, que tienen el poder para acabar con todo lo que representa la OMC y los jefes, ya sean del norte o del sur.