dijous, 1 d’abril de 1999

Portugal: 25 de abril de 1974: La revolución que se marchitó

Artículo publicado en En lucha, abril de 1999

El 25 de abril de 1975, la gente de Lisboa se despertó para encontrarse con tropas armadas, y tanques, controlando todas las calles principales.

En un principio, nadie sabía qué significaba. Un régimen fascista llevaba 44 años dirigiendo el país. Cualquier oposición era reprimida por la policía secreta, el PIDE. La fascista Legión Portuguesa tenía 100.000 miembros uniformados. Los sindicatos independientes estaban prohibidos, y la policía disparaba a los huelguistas. Fácilmente se podía suponer que las tropas estaban allí para fortalecer la dictadura.

Pronto se sabría la verdad. Era un golpe de Estado, pero desde la izquierda.

La gente salió a la calle para abrazar a los soldados, poniendo claveles en los cañones de sus armas, y subieron a los tanques en manifestaciones espontáneas. La prensa del mundo la proclamó como la pacífica "revolución de los claveles".

Pero los siguientes dieciocho meses estuvieron lejos de ser pacíficos, porque los motivos que habían desencadenado en el golpe no tenían nada que ver con la "armonía social" ni con una "primavera política".

A finales de 1975, la revolución había acabado y el capitalismo portugués estaba seguro otra vez.

¿Qué había pasado? ¿Fue posible una salida diferente, una revolución socialista?

Cuba: ¿Justicia o represión?

Artículo aparecido en En lucha No 39, abril de 1999

Últimamente han salido en las noticias dos casos judiciales importantes en Cuba; el primero, el de los dos latinoamericanos acusados de poner bombas en hoteles de La Habana, el segundo, de cuatro disidentes cubanos, procesados por haber editado un documento crítico con la política del Gobierno.

Antes de nada, cabe destacar la hipocresía de los Gobiernos occidentales, que no parecen tener problemas con la pena de muerte en los Estados Unidos. Mientras, el PP mismo ha incitado al encarcelamiento de la mesa nacional de Herri Batasuna y de periodistas abertzales, por lo que no tiene ningún derecho para presentarse como defensor de las libertades políticas.